Lord Deedes: Cuando la realidad supera a la ficción

Publicado por el ago 21, 2007

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Con la muerte de Lord Deedes el pasado sábado a los 94 años, el periodismo ha perdido a uno de los más grandes que hayan ejercido este oficio en la Historia. Su impronta como reportero ya quedó marcada en 1935, cuando con veintidós años fue enviado por el «Morning Post» a Addis Abeba a cubrir la inminente invasión de Abisinia por las tropas de Mussolini. Cuando el enviado especial de un diario rival, el «Daily Mail», vio a Bill Deedes llegar al hotel de la capital etíope con un equipaje que pesaba un cuarto de tonelada y que incluía baúles de cedro rematados en zinc, todo tipo de complementos ecuestres —pese a que él no montaba a caballo—, tres trajes tropicales hechos a medida en Austin Reed —algo perfectamente inútil en una ciudad que está a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar— e innumerables complementos más adecuados para un safari, nació para la literatura universal William Boot. Y es que el periodista rival era Evelyn Waugh, uno de los más grandes literatos británicos del siglo XX. En el momento que Waugh vio a Deedes empezó a concebir el personaje central de «Scoop», la hilarante novela sobre los enviados de guerra que es todo un tratado sobre cierto tipo de periodismo. Y William Boot, como William Deedes, acabaría siendo un periodista de éxito.Durante los siguientes setenta años Deedes siguió siendo un reportero. El «Morning Post» fue absorbido por «The Daily Telegraph» en 1937 y en este gran diario ha seguido publicando Deedes hasta el pasado 4 de agosto.

William Francis Deedes nació el 1 de junio de 1913 en una acomodada familia de Kent. Tres de sus antepasados en el siglo XIX, todos ellos llamados William Deedes, habían sido miembros del Parlamento y otro fue miembro del Parlamento Largo convocado por el Rey Carlos I en 1640 y que no fue disuelto hasta 1660. Deedes pasó su infancia en la residencia familiar, el castillo de Saltwood, y estudió en Harrow, uno de los grandes colegios británicos, hasta que la crisis de 1929 acabó con la fortuna familiar. Esto hizo que Deedes tuviera que abandonar Harrow y empezara a trabajar en el «Post».
Como millones de jóvenes de su generación, Deedes fue llamado a las armas en 1939. Como oficial del «King’s Royal Rifle Corps» participó en la liberación de la fortaleza de Bourg Leopold, a las afueras de Bruselas, lo que le valió la Medalla Militar. Y su indignación fue épica cuando días más tarde leyó en el «Telegraph», su propio periódico, que la fortaleza había sido conquistada por las tropas belgas, a las que nadie había visto por allí.
Cuando fue desmovilizado volvió al ejercicio del periodismo y a partir de 1947 lo compatibilizó con la política. Ese año fue elegido por los conservadores de Ashford para ser su candidato a diputado frente a otro joven que apetecía la candidatura: Edward Heath, más tarde primer ministro entre 1970 y 1974. En cambio, la carrera política de Deedes le llevó solamente a ser ministro de Información y miembro del Gabinete con Harold
Macmillan
.
En 1962 el Gobierno de Macmillan hacía aguas por todas partes y pidió a Deedes que le ayudara a salvarlo dando otra imagen pública del mismo. Deedes no lo dudó: «Mi hogar espiritual siempre ha sido un barco naufragando», dijo. Su trabajo fue un fracaso, como él mismo reconoció. Las relaciones del Gobierno con la Prensa fueron de mal en peor y el escándalo Profumo las agravó. Deedes jugó un papel central en la sucesión de Macmillan por sir Alec Douglas Home, cuyo Gobierno cayó en las elecciones de 1964.

Deedes siguió en el Parlamento y en el «Telegraph» hasta que en el año 1974 Lord Hartwell, propietario del diario, le pidió que asumiera la dirección del «Telegraph». Por primera vez en la historia, un antiguo miembro del Gabinete se convertía en director de un diario nacional que, entonces como hoy, era y es el periódico de calidad que más ejemplares vende en Europa. Durante doce años mantuvo los estándares más elevados, la circulación llegó a alcanzar los 1,5 millones de ejemplares diarios y de su redacción salieron en 1985 periodistas como Andreas Whittam Smith para fundar «The Independent». Conservador siempre, e íntimo amigo de Denis Thatcher, nunca aplaudió las formas radicales de Margaret Thatcher pese a estar de acuerdo con el fondo de sus políticas. Cuenta Charles Moore, uno de sus sucesores como director del «Telegraph», que en 1998 dio un almuerzo para celebrar los 85 años de Deedes y a los postres le hizo la mayor laudatio que nunca haya dedicado a nadie. Aun así, terminado el acto, Denis Thatcher se acercó a Moore y le espetó «¿Y por qué no has dicho que es el más grande periodista de la historia de la Humanidad?». La amistad entre Denis Thatcher y Deedes fue convertida por la revista satírica «Private Eye» en una columna periodística casi mítica llamada «Dear Bill», en la que cada semana se publicaba una carta apócrifa de Denis a Deedes en la que le contaba sus cuitas en el 10 de Downing Street.

Cuando dejó la dirección del «Telegraph» al comprarlo Conrad Black en 1986, Margaret Thatcher ofreció un almuerzo en su honor en Downing Street y lo creó «lord vitalicio». Y con 73 años volvió a ser lo que siempre quiso ser: reportero y columnista. En noviembre de 2005, durante un almuerzo en la sede de «The Spectator», tuve ocasión de oír cómo le contaba a la duquesa de Devonshire sus impresiones de Addis Abeba, de donde acababa de regresar, sesenta años después de su primer viaje. En febrero de 2001 pidió ser el enviado especial de su diario al terremoto de Gujerat en la India. Durante un vuelo de cinco horas en helicóptero sufrió un pequeño derrame cerebral. Todavía alcanzó a enviar su crónica y a decir a Charles Moore, a la sazón director del «Telegraph», que la afección había sido provocada porque se había declarado la ley seca y él no se había podido tomar su dosis diaria de whisky con soda.
Ningún otro reportero en ejercicio bajo Tony Blair había estado ya en activo cuando el primer primer ministro laborista Ramsey MacDonald dejó el Parlamento en 1937, o cuando Neville Chamberlain salió a la puerta del 10 de Downing Street y dijo a los reporteros, entre los que estaba Deedes, que acababa de lograr con Hitler un acuerdo que representaría «paz para nuestro tiempo». Deedes gustaba decir que la vida le había tratado muy bien. Lo contaba lleno de orgullo.

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