La muerte de Gadafi y la resolución de la ONU

Publicado por el oct 24, 2011

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No somos muchos, pero hay algunos pocos que creemos que la Revolución Francesa perdió su legitimidad cuando empezó a emplear la guillotina sin justificación posible para tantos desmanes como se cometieron en nombre de un nuevo orden.  Algo parecido hemos visto en los últimos días en Libia.

Es evidente que la Revolución Francesa trajo un nuevo orden que a la larga sería más justo que el anterior. Mas como se pudo demostrar en Inglaterra, en los reinos italianos o los alemanes siglo y medio más tarde o en la España o el Portugal del XVIII, era posible ganar parcelas de libertad sin necesidad de pasar por el asesinato indiscriminado de los discrepantes, sin someterlos siquiera a tribunales que de verdad pudieran administrar Justicia.

Lo que hemos visto en Libia tras la caída del tirano deslegitima la revolución por más que se intente salvaguardarla. Las múltiples imágenes grabadas con teléfonos móviles de los minutos de Gadafi capturado y todavía vivo necesariamente obligan a condenar al nuevo régimen. No en vano el ministro de Información del Consejo Nacional Transitorio libio (CNT), Mohamed Shamam, ha rechazado una eventual investigación internacional sobre la muerte de Gadafi, que calificó de “provocación” –la investigación, no la muerte. “No vamos a plegaremos a una provocación internacional en este asunto”, dijo a EFE el ministro, sobre una eventual investigación sobre la muerte, en extrañas circunstancias de Gadafi, cuando se encontraba bajo arresto por parte de los rebeldes. En las últimas horas se han difundido videos en los que parece que el caído dictador llega a ser sodomizado con un palo en medio de una turbamulta. ¿Cabe mayor humillación? ¿Gadafi carecía de “derechos humanos”?

Ya lo explicó con prístina claridad en una carta al Director de ABC publicada el pasado sábado el catedrático de Estudios Árabes Serafín Fanjul: “Debo señalar la repugnancia que me suscita el linchamiento: no sólo es bestialidad, también es cobardía de gentes que hace un año podían estar aplaudiendo al muerto. El ensañamiento con los cadáveres o con personas indefensas no más describe la miserable personalidad de quienes tal hacen, se trate de Gadafi, de Mussolini o de cualquier delincuente, sea quien sea. El asesinato – que no ejecución – de Gadafi, inducido o simplemente permitido, evita que el déspota derrocado pueda soltar la lengua sobre las actividades y responsabilidades de quienes lo tendrían preso y que en un tiempo aun cercano eran sus cómplices. Sería magnífico que nuestros tiernos progres, tan cargados de buenos sentimientos multicultis, se enteraran de una vez de con quién nos estamos jugando los cuartos y la convivencia, mañana o ahora mismo. Pero no aprenderán nada: por algún pliegue darán la vuelta al asunto y los  culpables serán nuevamente el imperialismo, el colonialismo o Israel.”

Poco puedo añadir. Sólo recordar que el Consejo Nacional de Transición que era el garante del orden en la Sirte arrebatada a Gadafi y que ahora se niega a que quienes le instalaron en el poder -¡sus aliados!- investiguen lo ocurrido, ha llegado a dominar el país gracias a que los occidentales -los gobiernos de Zapatero, Sarkozy, Berlusconi y Cameron- hemos violado a conciencia la resolución 1973 del Consejo de Seguridad que nos daba un mandato para proteger a los sublevados de la férrea mano de Gadafi.

Y los hemos “protegido” con tanto ahínco, con tan eficaz empeño, con tamaño acierto, que hemos acertado a atacar el convoy en el que huía Gadafi camino del desierto y se lo hemos entregado en bandeja a unos bárbaros salidos directamente de las cavernas del pleistoceno. Pero todavía no he oído a nadie decir que los aviones de la OTAN que bombardearon el convoy de Gadafi violaban flagrantemente la resolución de la ONU. ¿Podría alguien explicarme cómo interpretar que la estaban cumpliendo? ¿Cómo se protege a alguien bombardeando a quien huye como una rata? ¿Querría alguien hacerme creer que en Irak se incumplió las resoluciones de la ONU más que en Libia? Estoy dispuesto a escuchar, pero permítanme que sea escéptico. Dudo que nadie me convenza. Soy todo oídos.
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