La hora de los egipcios

Publicado por el feb 11, 2011

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Mubarak se cavó su tumba con empeño y dedicación. Estamos ante una revolución en toda regla que podría dar pie a una democracia si hubiera alguna voluntad verdadera de permitir al pueblo manifestarse. Los periódicos seguimos desesperadamente buscando un líder para una revuelta en pleno apogeo. Necesitamos un rostro porque mientras no lo haya la encarnación del cambio post Mubarak sigue siendo el vice presidente Suleiman. Y tras tantos días en la plaza Tahrir, el pueblo ha marchado hacia el palacio presidencial en Heliópolis. El barrio en el que fue asesinado Anuar el-Sadat.

En puridad va en beneficio de la democracia que la revolución siga una senda abierta. Nadie ha logrado acapararla todavía. Y si de verdad Omar Suleiman fuese el aliado de Occidente que dice ser, bien haría en comprender la nueva era surgida para los árabes tras la caída de Ben Ali y el traspaso parcial de poderes que ha hecho Mubarak bajo la presión de la calle. Hay que dar paso a una verdadera democracia y, como ésta es fruto de una revolución, mientras le sea posible a Suleiman, más le vale hacer la revolución “desde arriba” (como proponía en España hace un siglo don Antonio Maura) si no quiere correr el riesgo de que le completen la revolución desde abajo y hasta sus últimas consecuencias -como va camino de suceder.

La reforma democrática en Egipto no puede pasar por la convocatoria inmediata de elecciones. Tiene ahora ante sí el momento decisivo. Porque tras la dictadura y en aras de demostrar pureza democrática, es muy difícil prohibir la concurrencia electoral de ningún partido. Y eso favorece a los Hermanos Musulmanes, alentados en la sombra por Mubarak desde hace treinta años. Ahora es el momento de crear las condiciones para que en unas elecciones, en el plazo máximo de un año, pueda concurrir una pléyade de partidos de nuevo cuño o resucitados de la historia egipcia como el Wafd de la época crepuscular de la Monarquía. Y cuando haya una democracia mínimamente asentada habrá que exigir pedigrí democrático para poder participar en el juego electoral. La clave está en ser capaz de guardar los tiempos en este proceso.

Toda una generación de egipcios no ha conocido más realidad que la dictada por Mubarak. Toda una generación occidental no ha conocido más Egipto que el de Mubarak. Guardo nítido recuerdo de la tarde del martes 6 de octubre de 1981. Estaba haciendo los deberes en un aula del colegio en el que estaba interno cuando un profesor nos dijo que el presidente de Egipto, Anuar al-Sadat, había sido asesinado. Ese día tomó el poder Mubarak. Hoy, en la hora en la que ha caído Mubarak, dos de mis hijos están en las aulas de ese mismo internado. Es el ejemplo exacto de lo que representa un periodo de una generación completa.

El reto para Occidente y para Omar Suleiman, es garantizar que esa generación a la que Mubarak ha contado durante treinta años que la opción era islamismo o él, tenga ahora otras alternativas. Ha sonado la hora de que los árabes tomen su futuro en sus manos. Por el bien de todos más nos vale que tengan éxito.

 

 

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