Jorge Semprún Maura: Discúlpenme por discrepar

Publicado por el jun 8, 2011

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Supongo que lo más fácil sería reivindicar al pariente muerto y alegrarme del elogio casi unánime que recibe en los medios de comunicación Jorge Semprún en la hora de su muerte. Pero entre tanto ditirambo, mi conciencia no quedaría tranquila si me escudara en mi parentesco para no reivindicar la verdad del escritor y político muerto.

 

 

Jorge Semprún Maura no escogió su lineamiento político bajo la influencia de su familia. Antes al contrario, optó por situarse donde quiso y contra los suyos. Su madre, Susana Maura Gamazo, era la menor de los diez hijos de don Antonio Maura Montaner –cuyo hijo mayor, Gabriel Maura Gamazo, es mi bisabuelo. Su padre, José María Semprún Gurrea, era un activista católico y conservador que se volvió políticamente activo con la caída de la Monarquía. Semprún Gurrea estuvo alineado con su cuñado Miguel Maura Gamazo, ministro del Interior en 1931, quien le llevó a ser gobernador civil de Toledo y de Santander.

El Jorge Semprún que en la hora de su muerte disfruta de elegías sin fin, es el mismo que escogió libremente alinearse con el estalinismo. El que, como cuenta con rigor en ABC Juan Pedro Quiñonero, colaboró con los nazis en Buchenwald donde fue un “kapo rojo” al servicio de la Arbeitstatistik del campo de concentración donde se decidía sobre la mano de obra deportada –incluyendo quién podía vivir todavía y quién no lo merecía ya.

Después de Buchenwald, otro compañero de filas de Semprún Maura, Robert Antelme, marido de Margerite Duras y autor en 1947 de L’Espèce humaine, contaría cómo le pesaba sobre su conciencia el papel que los comunistas franceses habían jugado en Buchenwald en su colaboración con los nazis. Semprún Maura se justificó con el papel que la vanguardia del proletariado iba a jugar en la salvación del mundo y denunció a Antelme ante el comité central del Partido Comunista Francés por débil. Antelme fue expulsado del partido.

Desde entonces la escritura de Semprún Maura se convirtió en una forma de justificar su militancia estalinista en plena coalición de intereses con los nazis. Y así se pasó el resto de su vida, sin pedir jamás perdón por un crimen que en otras circunstancias hubiera conllevado la pena de muerte. Y, sin duda tuvo éxito en la reescritura de su propia vida. En la hora de su muerte hemos visto glosados con detalle ciertos recuerdos que Semprún Maura tenía de Buchenwald. Su frase “conmigo se va a ir el olor de la carne quemada” ha sido destacada. Faltó su explicación de por qué él estaba en Buchenwald con los que colaboraron con los gestores del campo con la tranquilidad de que nadie olería su carne quemada. Me enseñó Otto de habsburgo, que sobrevivió a una pena de muerte dictada por los tribunales nazis, que la heroicidad no es exigible. Pero también creo que no se puede menospreciar la miseria humana, cualquiera que fuese el contexto en el que se produjo. Y mucho menos encumbrarla, por muy bien que pueda uno escribir.

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