Jesús Rodríguez-Salmones, en su centenario

Publicado por el Oct 21, 2008

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Una red silenciosa de españoles de calidad buscó poco a poco vías alternativas en la España de la posguerra. Por esas vías circularon muchos grupos, algunos en el régimen, otros clandestinos, otros tolerados según el humor de El Pardo. En el centenario de su nacimiento no podemos dejar de recordar a Jesús Rodríguez-Salmones, síndico de la Bolsa de Madrid, vicegobernador del Banco de España, consejero delegado del Banco Hispano, miembro del Consejo Privado del Conde de Barcelona. El cursus honorem de Salmones era notable, pero él era un español alérgico al brillo.El asesinato de José Calvo Sotelo —13 de julio de 1936— llevó a muchos españoles a enfrentarse definitivamente al Frente Popular. El grupo en el que Salmones se integró quedaría pronto separado del régimen de Franco: Gamero, Valdecasas, Jesús Pabón, Muñoz-Rojas, Francisco de Luis, Julio Palacios u otros intelectuales como el duque de Maura, además de decenas de profesores, empresarios y escritores del centro derecha, se mantuvieron enfrentados al régimen. En aquel sector se unieron en 1945-47, republicanos y monárquicos para promover una alternativa a Franco, la Monarquía de Don Juan de Borbón. Quizá estas líneas sirvan para ayudar a los estudiosos de la España del siglo XX. Un siglo en el que sobra propaganda y falta información.

Esos intelectuales, empresarios y políticos están hoy amenazados por un solo enemigo, el olvido. La terrible manta de la desmemoria contra la que luchaba Paul Ricoeur.

Quizá en otro momento haya ocasión de hablar de las Bases de Estoril, fechadas en 1947, redactadas por Gil-Robles, López Oliván y Vegas Latapié. Las Bases plasmaban el pensamiento del Conde de Barcelona. Eran un borrador de constitución, prudentemente democratizador: Monarquía representativa, descentralización, partidos políticos. Aquellas bases tardarían 30 años en fructificar. Es el mundo de los ilustrados españoles, 200 años después de Félix de Azara, que Salmones impulsaría. Su biblioteca, economistas, geógrafos, naturalistas del siglo XVIII se consulta hoy en el Banco de España.
Gaditano de nacimiento, cántabro de origen, madrileño de adopción, Salmones dio pruebas de tesón en momentos difíciles (hay documentación exhaustiva sobre su papel en el proceso judicial de Barcelona Traction). Pero esa discreta integración en el núcleo duro que diseñaba otra España distinta, moderna, dispuesta a tender puentes allí donde hiciera falta, es la que marcó gran parte de su actividad. Mas Salmones no llegó a conocer su proyecto: murió en 1972, a los 64 años.

El proyecto elegido era difícil: la consolidación de una red en 40 ó 50 ciudades españolas era indispensable. La hostilidad, a veces larvada, a veces explícita, del almirante Carrero no facilitó las cosas. La ancianidad y grave decadencia de Franco, imposible de disimular desde 1969, contribuyó a complicarlo todo. Milagrosamente el proceso salió adelante. ¿Por qué? ¿Cómo se produjo el milagro? ¿Puede alguien creer que las cosas ocurren por casualidad? Bajo esa capa de resistencia política había otro estrato de modernización económica: José Larraz, Salmones, Sardá Dexeus, Alberto Ullastres, Juan Velarde, Fabián Estapé, serían las vértebras de aquella columna. Larraz se desesperaba con Franco, que pronunciaba inflacción: ¿Si no sabe pronunciar la palabra cómo entenderá la idea? Al final, en el bulbo raquídeo había los grandes cuerpos, de estructura francesa: Consejeros de
Estado, Economistas del Estado, Banco de España, Técnicos Comerciales
… Dos jóvenes, Luis Ángel Rojo y Mariano Rubio, destacaban ya. Gracias a Rubio, gobernador años después del Banco emisor, la banca española ha tenido una regulación exigente que le ha permitido esquivar el caos que azota hoy a la banca americana.

El Rey ha cumplido 70 años. El suyo es uno de los grandes reinados desde que España existe. El entendimiento entre los españoles, ha hecho de España un país muy difícil de imaginar a la muerte de Franco. Muchos españoles en la izquierda y en la derecha, en Madrid y en la periferia, también en el exilio, trabajaron por ello.

Salmones se había formado en Alemania, en los críticos años de 1932 a 34, coincidiendo con la llegada al poder de Adolfo Hitler. Conoció a Ludwig Erhard, también a Jacques Rueff y a Raymond Barre. Había ganado la oposición de agente de Bolsa. Con ese equipaje, ganó menos dinero que sus compañeros pero hizo servicios imposibles de contabilizar a la concordia española. La vida del largo plazo, como gustaba de escribir Fernand Braudel. Hombres que piensen a treinta, cuarenta, cincuenta años. Gusta repetir al Archiduque Otto de Habsburgo que la clase política se divide entre los que piensan en las próximas elecciones y los que piensan en las próximas generaciones. La ganancia rápida y el beneficio trimestral, explicó Salmones, son un peligro mortal para la economía libre. Y no existe más economía que la economía libre. Esa siembra de ideas originó impulsos sorprendentes a partir de los años setenta. Las redes conectadas en decenas de puntos de España empezaban a funcionar. Apareció debajo de las piedras una clase empresarial desconocida, insospechada.

La historia se teje con finos hilos como el de este centenario. Un país que no articula sus elites, haciéndolas sobrevivir en regímenes de fuerza, no puede proponer ideas al mundo. La cohesión española está también en esos grupos que formaron la retícula, a través de universidades, despachos, empresas. Paguemos nuestras deudas antes o después. Pero paguemos. Siempre.

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