Hafez al-Assad: Loado sea el matarife

Publicado por el Jun 11, 2000

Compartir

Assad-2(1).jpg

Maurice Barrès pidió un esfuerzo de creatividad. «¡Pues bien! Trata de que
sea un bello cuento para ser contado en los jardines del Orontes» y Hafez
al-Assad convirtió la petición del académico francés en una pesadilla: tiñó
de rojo las aguas del Orontes a su paso por Hama. Arrasó la ciudad y exterminó al 25 pot ciento de sus poco más de cien mil habitantes
. Y en la mejor tradición de la política tribal de Oriente Medio, aquel genocidio perpetrado en las primeras horas del 2 de febrero de 1982 no fue ocultado dentro de Siria sino difundido para escarnio de las familias de los muertos y advertencia de lo que le sucede a quien se levanta contra el rais. La matanza de Hama fue el instrumento empírico empleado por Assad para medir su fuerza frente a Occidente. ¿Se permitiría a este aliado de la Unión Soviética permanecer en la impunidad? Se permitió. Y a partir de ahí, la sucesión de actos de terror en los que se vio involucrado fue espeluznante, pero siempre tuvo una finura de la que otros rivales árabes carecieron -Gadafi, Sadam Hussein…- y logró que las pruebas no fuesen suficientes para condenarlo en el tribunal de la opinión pública occidental. Y no lo fueron porque Occidente no quiso forzar la acusación.
Después de Hama hubo otros casos: el asesinato de Pedro de Arístegui, el embajador de España en Beirut que cayó víctima de disparos de mortero sirios dirigidos contra su persona cuando España ejercía la Presidencia de turno de la Comunidad Europea. Perico -como el Papa Juan Pablo II meses más tarde- había alzado su voz contra el genocidio que estaba perpetrando Assad contra los libaneses libres. Pero el Gobierno de González prefirió enmudecer y permitió al vicepresidente sirio, Rifaat al-Assad, seguir viviendo en Marbella. Porque en la política de Oriente Medio puede suceder que el vicepresidente de un país viva exiliado del mismo gracias a ser al mismo tiempo hermano del presidente y haber perpetrado personalmente una barbarie como la matanza de Hama.
Assad supo siempre colocarse en el lado del vencedor. Intentó durante quince años (1975-1990) apropiarse del Líbano con apoyo de la URSS. Y como no lo lograba, en cuanto su enemigo Sadam invadió Kuwait se declaró aliado de Estados Unidos y Washington y Tel Aviv le autorizaron a acabar con la resistencia libanesa en una noche. Assad era, ciertamente, un actor predecible e Israel prefería jugarse su supervivencia con un interlocutor conocido.
Uno de los jefes de Estado que más sangre inocente tenía en sus manos ha muerto. Hoy será elogiado por muchos de los jefes de Estado y de Gobierno que defienden lo contrario de lo que él representa. Pero quienes creen en un Líbano libre nunca podrán loar al difunto matarife.

Compartir

ABC.es

Horizonte © DIARIO ABC, S.L. 2000

Una visión no siempre políticamente correcta de la realidad internacional. Un intento de hacer comprensible a una gran audiencia la realidad cotidiana internacional generada desde diferentes focos Más sobre «Horizonte»

La entrada más popular

From Lepanto to Baghdad

221... Lee la entrada completa

Etiquetas
Calendario de entradas
septiembre 2017
M T W T F S S
« Oct    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
252627282930