En qué lo estamos haciendo mal

Publicado por el jun 13, 2011

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Nabil El-Araby, Christine Lagarde(1).jpg

El Fondo Monetario Internacional (FMI) carecerá de director gerente y estará involucrado en un proceso de selección del nuevo gran jefe con una francesa, un mexicano y un israelí en disputa. Pero ni aún en estas circunstancias son capaces de dejar de cometer errores que nos complican la vida a todos. Lo que acaban de hacer en Egipto es el mejor ejemplo.

El FMI y el Banco Mundial han concedido unos préstamos y unas ayudas financieras varias a la junta militar de transición en El Cairo que contribuyen a garantizar la continuidad de los actuales gobernantes con medidas equiparables a las que adoptaría un Gobierno islamista. Hacerlo peor parece imposible. Las cifras se resumen en que el FMI concedió el día 5 de junio 3 millardos de dólares al Gobierno de transición de Egipto después de que el Banco Mundial les concediera otros 4,5 millardos y la promesa de Estados Unidos de condonar otros dos millardos de deuda. Con todo esto, lo menos que cabría esperar por parte de quienes contribuimos el dinero –que, con toda probabilidad, serán buena parte de quienes lean estas líneas- sería una acción política que lleve a un nuevo Egipto promotor de reformas democráticas. Pues no. Estamos avalando las prácticas más despóticas de la peor era de Mubarak. Y las mismas formas de Gobierno que aplicarían los islamistas si alcanzaran el poder. 

Según el presupuesto que acaba de presentar el Gobierno egipcio, lo que se va a hacer con el dinero no es promover la libre empresa sino incrementar los subsidios que generen cada vez mayor dependencia del Gobierno de turno. Así, los subsidios alimenticios se incrementan en un 26 por ciento, los de vivienda en un 50 por ciento, las pensiones en un 71 por ciento y la gasolina, “solamente”, un 32 por ciento. Supongo que no hará faltar argumentar con mucho detalle que subsidiar a la población para que dependa del Gobierno en lugar de ser libre y ganar dinero por sí misma es la táctica favorita de los tiranos. Y ahora estamos contemplando cómo los egipcios hacen exactamente eso con el dinero que les damos nosotros. ¿Fue para eso para lo que nos entusiasmamos con las revoluciones árabes de meses atrás?

Como muy bien explicaba en ABC el pasado 8 de marzo Guy Sorman, la economía no es una prioridad porque las autoridades no quieren que lo sea. “Los islamistas, antioccidentales y antisionistas, están ahora mismo fuera de juego: pero si la república no conduce al crecimiento, asistiremos a una revancha de los extremistas. Los revolucionarios no han planteado hasta ahora el tema económico: no les parece prioritario, pero lo será. Solo el regreso de los empresarios al mundo árabe, empezando por todos aquellos que viven en el exilio, garantizaría unas repúblicas duraderas. Hoy en día, en Egipto se requieren 500 días de trámites administrativos, con un soborno para cada sello, para abrir una panadería. Egipto será republicano cuando sea posible crear allí una panadería.” La junta militar está haciendo todo lo posible para impedir que se pueda abrir una panadería. Y nosotros estamos contribuyendo con nuestros impuestos a ello.

Por cierto, la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, se aseguró el pasado domingo el apoyo de Egipto a su candidatura para dirigir el FMI (en la imagen superior ella con el ministro egipcio de Exteriores, Nabil el-Araby). Una vez más Francia da prioridad a sus intereses con el dinero de todos nosotros. Y encima votaremos a Lagarde…

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