El silencio cómplice de Zapatero

Publicado por el ago 25, 2010

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Promover la democracia dejó de ser prioridad del Gobierno Zapatero hace tiempo. Lo malo es que las cosas han dado un giro a peor y ahora ni siquiera se molestan en llamar la atención de aquellos de sus Gobiernos amigos que están persiguiendo el más sacrosanto valor de la democracia: la libertad de Prensa. Resulta harto cansino tener que volver a evocar a Thomas Jefferson, el primer presidente norteamericano del siglo XIX, quien proclamó la célebre máxima «más vale Prensa sin Gobierno que Gobierno sin Prensa». Pero frente a la expansión de la democracia que vivió Latinoamérica en la última década del siglo XX y la primera mitad de la década pasada, la regresión de las libertades hispanoamericanas se manifiesta hoy en la censura de Prensa. Basten dos ejemplos palmarios.Cristina Fernández de Kirchner está llevando a cabo el más descarado acoso jamás visto a un grupo de comunicación en un país que aspira a ser contado entre las democracias occidentales. Descontenta con la línea editorial del diario «Clarín», el de mayor relevancia de Argentina, la presidenta y su marido han lanzado una ofensiva contra su grupo. Ya han quitado la licencia para distribuir contenidos en internet a Fibertel, propiedad de «Clarín», su soporte en la red y con una cuota del 25 por ciento del mercado argentino. No contentos con eso, la presidenta presentó ayer un informe que supuestamente vincula la propiedad de la principal papelera del país, en manos de «Clarín» y su rival «La Nación» a violaciones de los derechos humanos perpetradas durante la dictadura militar (1976-1983). Sumemos a ello la nueva regulación de televisión y radio que obligó a «Clarín» a vender en malas condiciones, o el acoso a la presidenta del grupo, Ernestina Herrera de Noble, acusada de haber aceptado como hijos adoptivos a los niños de víctimas de la represión, y el resultado es un asalto en toda regla.

Y si esto les parece poco, miren al norte y lo que sucede en Venezuela. La semana pasada el diario «El Nacional» publicó en portada la escalofriante foto de la morgue de Bello Monte en la que estaban diseminados una docena de cadáveres desnudos, embadurnados y sanguinolientos. La —previsible— reacción de Chávez no fue contra la gerencia de la morgue, ni contra los responsables de la seguridad del país por la tasa de delincuencia que permite las matanzas que provocan esa imagen. Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, cuando Chávez llegó al poder en 1998 había 4.550 asesinatos anuales. En 2009 hubo 16.047 y en el 91 por ciento de los casos ni siquiera se detuvo a un sospechoso. ¿Condenados? Menos que por los incendios forestales en España. ¿Reacción de Chávez? Prohibir a «El Nacional» volver a publicar fotos de víctimas de violencia callejera.

Cabe imaginar que cuando el Gobierno español acaba de suprimir la Secretaría de Estado para Iberoamérica, este tipo de violaciones del más básico derecho que debe darse en una democracia importa a Zapatero y Moratinos lo mismo que el respeto a nuestra Constitución de las libertades de 1978, la que están pasando por el arco del triunfo de Montilla. Mas nadie se engañe. Si España no es capaz de defender la libertad de Prensa en Venezuela y Argentina es que nuestros gobernantes ya no creen en la democracia.

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