El Segundo-Cuarto presidente de Rusia

Publicado por el sep 26, 2011

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Los eslavistas gustan explicarnos que el autoritarismo de Vladimir Putin es consustancial con la naturaleza de la madre Rusia. Que los rusos son pasivos y les gusta tener al mando a un hombre fuerte. Y de ahí que debamos aceptar el consumado giro antidemocrático que ha dado el Kremlin el pasado fin de semana confirmando el regreso a la Presidencia de quien ya la ejerció entre 2000 y 2008, ahora con expectativa de mantenerse en el cargo “constitucionalmente” hasta 2024 a la respetable edad de 72 años. Que tampoco es tanto. Leonid Breznev ocupó el Kremlin hasta su muerte a los 75 años…

Putin que llegó a la Presidencia por obra y gracia de Boris Yeltsin, tuvo la humorada de otorgarle en su retiro el título oficial de “Primer Presidente de Rusia”. Es decir, convirtió el hecho numeral –que es en sí mismo accidental- en una especie de título honorífico. Ahora puede otorgarse a sí mismo el título de Segundo-Cuarto presidente de Rusia, evocador del título de Conde-Duque de Olivares.

Resulta evidente que un país en el que su clase política juega con la constitución de forma tan tosca, la manipula, viola y abusa de ella y eso no genera apenas ninguna protesta por parte de porciones mayores del electorado, dista mucho de poder ser considerada una sociedad democráticamente madura. En puridad Rusia nunca ha sido una democracia. Tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989 se abrió una expectativa de cambio en los países surgidos del antiguo Imperio Soviético. La gran diferencia entre unos y otros era que casi todos los países de Europa Central habían tenido efímeras experiencias democráticas en los albores de la democracia moderna en Europa: Polonia, Hungría, Checoslovaquia… En cambio Rusia había pasado del zarismo al marxismo leninismo con apenas un mínimo desgobierno intermedio. La caída del comunismo devolvía a los países centroeuropeos un referente propio y conocido. En Rusia la única referencia era un autoritarismo de otras características no tan diferentes.

Las limitaciones de mandatos fijadas en las constituciones tienen como objetivo impedir la prolongación del poder unipersonal. ¿Hay alguien que crea que eso ocurre en Rusia? Putin puso a dedo un presidente mientras él ocupaba el cargo de primer ministro con poderes incrementados. Ahora regresa a la Presidencia y con seguridad no le temblará el pulso a la hora de devolver a esa institución los poderes que le retiró y atribuyó al cargo de primer ministro mientras él lo ocupó.

La dejadez del pueblo ruso puede ser cierta, pero Putin y su cohorte se han garantizado la posibilidad de ocupar indefinidamente el cargo al impedir el desarrollo de unos sistemas judicial y parlamentario independientes a la vez que los empresarios que no pagaban la cuota correspondiente al Kremlin eran defenestrados, los medios no afines estrangulados o incautados y la oposición política amordazada.

Ya sabíamos que Rusia no era una democracia, pero al menos Putin había intentado simularlo de forma un tanto tosca. A partir de ahora ya no hay duda de que las autoridades rusas no sienten la necesidad de aparentar lo que no son.

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