El caso Bettencourt

Publicado por el jul 13, 2010

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Cuatro largas semanas después de estallar el escándalo Bettencourt, Nicolas Sarkozy compareció anoche al fin ante las cámaras del primer canal de la televisión francesa. La primera parte del cuestionario estuvo destinado a este escándalo que ha hecho caer en picado su popularidad. A lo largo de las últimas semanas habíamos visto que por primera vez desde que Sarkozy llegó a la Presidencia se veía a sí mismo siguiendo los acontecimientos en lugar de liderándolos. Mal asunto. Alguna mano negra estaba dirigiendo con maestría una pieza teatral que empezó llamándose –hace cuatro semanas- “El escándalo Banier-Bettencourt” en honor a François-Marie Banier, el play-boy que parecía haberse aprovechado de la anciana multimillonaria propietaria del imperio L’Oréal.

En pocos días el caso mudó en el escándalo “Woerth-Bettencourt” en honor del ministro de trabajo francés y su mujer Florence Woerth, que trabajaba como asesora fiscal de la señora Bettencourt. Antes de ser ministro de trabajo Woerth lo fue del Presupuesto y desde su cargo organizó una campaña contra las cuentas opacas en paraísos fiscales como Suiza. Lo malo para Woerth es que la jefa de su mujer tenía cuentas como esas en Suiza.

La semana pasada el caso mudó de nombre por tercera vez. Pasó a ser “el caso Sarkozy-Bettencourt”. La mano negra hizo saber que en la última campaña presidencial se hizo un donativo de 150.000 euros a las filas de Sarkozy en un país en el que está prohibido ningún donativo individual por valor de más de 7.500 euros. Sarkozy se presentó anoche como víctima de oscuras maniobras, desde hace años: «Estoy acostumbrado al acoso y la calumnia. Mi esposa y yo hemos sido calumniados. Se han montado sucesivos escándalos que siempre se demostraron falsos. La Inspección General de Finanzas ha demostrado que el ministro de Trabajo, Eric Woerth, un hombre honesto y competente, ha sido calumniado de manera vergonzosa. Todos los testimonios contra él y contra mí han sido desmentidos. Curiosamente, se lanzan calumnias contra el ministro de Trabajo cuando ese ministro acomete una gran reforma que algunos quisieran dinamitar…».

Lo único seguro es que éste es un caso raro, poco creíble, pero Francia entera lo sigue fascinada y con tendencia a creer a la mano negra. Y al fin la acusación llama a la puerta del palacio del Elíseo. Sarkozy habló ayer con firmeza y convicción. Pero tendrá que volver a hacerlo. Muy pronto.

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