Del rigor de un libro sobre el Rey

Publicado por el dic 2, 2011

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Tanto en la lectura de los periódicos como en la de libros hay un criterio que muy rara vez conduce al error. Cuando leemos un texto sobre algo de lo que tenemos conocimiento de primera mano y lo que dice está mal, no podemos ni debemos fiarnos tampoco de ningún otro dato sobre el que nada sepamos y que también esté contenido en ese trabajo. Así las cosas, con una sola página del nuevo libro de Pilar Urbano me ha bastado para no leerme las otras 1.002 de tan jaleada obra.

Pilar Urbano ha publicado un nuevo libro (“El precio del trono”. Planeta 2011) en el que sostiene teorías para ella irrefutables, como que la CIA participó en el asesinato del almirante Carrero Blanco y que se planificó el atentado para el mismo día en que Henry Kissinger, secretario de Estado y Consejero de Seguridad Nacional del presidente norteamericano estaba hospedado a unos 150 metros de los explosivos listos para estallar. Que ya son ganas de complicar las cosas o ya es no tener ni idea de qué hacen los agentes que subcontratas para perpetrar un magnicidio.

Pero no discutiré yo nada de lo que he oído y visto referido en los medios de comunicación. He comprado el libro –como si no hubiera aprendido ya la lección con sus anteriores obras “Garzón: el hombre que veía amanecer” y “Jefe Atta”- y siguiendo mi costumbre lo he empezado por el final: el índice onomástico. Ahí he descubierto que en la página 135 aparecen mencionados tanto Otto de Habsburgo como Simeón de Bulgaria. Como tengo publicadas biografías sobre cada uno de ellos (“Del Imperio a la Unión Europea. La huella de Otto de Habsburgo en el siglo XX”. Rialp 1997 y “El Rey Posible. Simeón de Bulgaria”. Belaqva, 2002) me apresté a leer qué referencia común había. Y ahí acabó mi lectura del libro.

Hablando del Estoril al que llega Don Juan tras la Guerra Mundial dice Urbano que “años antes ya habían buscado refugio en Portugal Carlota de Luxemburgo y Otto de Habsburgo, con su madre la emperatriz Zita y sus siete hermanos, menores que él”. Añade después “También fondearon en el litoral portugués el rey niño Simeón de Bulgaria, con su madre, Giovanna, viuda del destronado rey Boris”. Verdaderamente es difícil acumular tantas inexactitudes en tan pocas líneas.

1.- Después de la muerte en 1922 del Emperador –y hoy Beato- Carlos, su mujer la Emperatriz Zita y sus siete hijos vivos, más la hija póstuma que nacería en el Palacio del Pardo de Madrid abandonaron la isla portuguesa de Madeira y nunca más volvieron a vivir en ese país. Su exilio les llevó a Lequeitio primero y a Steenokkerzeel en Bélgica después hasta que la invasión nazi les hizo huir primero a Francia y después, cruzando España, llegar a Lisboa para tomar varios clipper en los que volar a Estados Unidos. Tras la guerra ni el jefe de la Casa Imperial, el Archiduque Otto, ni la Emperatriz Zita tuvieron residencia en Portugal. Nunca.

2.- Simeón de Bulgaria no ha residido en Portugal jamás. Tras ser derrocado se fue al exilio a Alejandría, Egipto. Y de allí vendría a España en 1952 y en España ha vivido hasta que en 2001 pudo volver a vivir a Sofía.

3.- La Reina Juana no fue a vivir a Escorial hasta que su hijo Simeón se casó con Margarita Gómez-Acebo en enero de 1962.

4.- El Rey Boris, padre de Simeón, obviamente no fue derrocado, porque si lo hubiera sido, con toda seguridad su hijo de seis años de edad no hubiera sido proclamado Rey de los Búlgaros por el Gran Sabranie nacional. El Rey Borís murió en 1943 repentinamente y en circunstancias sospechosas por haber regresado horas antes de una visita a Hitler en la que tuvo un duro enfrentamiento con él. Su hijo Simeón fue proclamado Rey bajo un consejo de regencia encabezado por su tío el Príncipe Kyril. En 1946 se impostó un referendo bajo ocupación soviética que trajo la república.

Así pues, si estos datos que son de fácil conocimiento, están ampliamente difundidos y afectan a dos jefes de Casas Reales muy próximas a la Casa Real española no son conocidos por Pilar Urbano porque no se ha molestado en mirarse la bibliografía ¿qué valor puede tener los “documentos secretos” que sólo ella ha podido ver?

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