Cuando el tirano empeora las cosas

Publicado por el ene 31, 2011

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El fin de Mubarak se da por descontado. La cuestión ahora es si va a emplear la represión para intentar mantenerse hasta las elecciones de septiembre a las que no concurriría ya –y que la comunidad internacional puede obligar a que sean limpias por primera vez- o si no le va a quedar más remedio que irse de inmediato. Sin duda, la mejor opción sería un rápido abandono del poder que corte la radicalización a la que están abocadas las revoluciones que están largo tiempo gestándose y combatiendo en la calle. La manera de evitar un Jomeini –o un Mao, o un Lenin- instalado en El Cairo es un Gobierno de transición. Pero no está claro que el Gobierno anunciado esta mañana pueda cumplir esa misión. Más bien parece que su objetivo es el contrario.

El Gabinete de transición es fundamental para poder hacer florecer en estos meses fuerzas que rompan la dicotomía a la que ha forzado Mubarak a los egipcios. Porque Mubarak lleva años contando a Occidente que la única alternativa a su Partido Nacional Democrático era la de los Hermanos Musulmanes. Falso, por supuesto. Pero cierto a muy corto plazo porque el régimen de Mubarak se ha ocupado de segar la hierba bajo los pies de cualquier opositor “liberal”.

Quizá la forma de acelerar el proceso sea demostrar a Mubarak que ya no cuenta con el apoyo de Estados Unidos. No es una medida fácil, porque se puede transmitir a otros aliados de Washington que el amor en tiempos de cólera (popular) se desvanece. Pero sí puede ser una muy buena señal de que también en esto Obama ha dado un giro y ha abrazado el espíritu del discurso de Condi Rice ante la Universidad Americana de El Cairo: nuestros aliados tienen que ser democracias.

Entre tanto el Grupo de Trabajo para Egipto formado hace un año en Estados Unidos y encabezado por Michele Dunne, del Carnegie Endowment for Peace y Robert Kagan de la Brookings Institution, emitía el sábado un comunicado pidiendo a la Administración Obama que tenga presentes tanto los intereses del pueblo egipcio como la legitimidad y estabilidad de su Gobierno. Y tras exigir la celebración de elecciones libres y democráticas concluye con la petición a Obama de que suspenda toda ayuda económica y militar hasta que se pongan en marcha las reformas democráticas. Ayuda a Egipto que data de la paz de Camp David en 1978. Es decir, una ayuda de la que Egipto disfruta desde antes de que Mubarak accediera al poder en 1981 y sin la que él no ha gobernado nunca.

La alternativa de Mubarak ya sólo está en irse cuanto antes o en quedarse y agravar la situación. Cuando el sábado nombró vicepresidente al jefe de los servicios secretos y primer ministro al jefe del Ejército del Aire –al que él mismo pertenece- dio signos evidentes de que pretende continuar. Y bajo ambos militares se ha anunciado esta mañana el nuevo Gabinete. Cuando el domingo Hillary Clinton habló de una “ordenada transición a un Gobierno democrático” dejó claro que Estados Unidos había abandonado a Mubarak. Ahora le toca mover ficha a él. Si se demora, se la moverán.

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