Baron Thyssen: En la soledad de la muerte

Publicado por el abr 28, 2004

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Ya sabe todo el mundo, aunque en los últimos años nadie quisiera recordarlo, que Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza de Kaszon fue uno de los más grandes emprendedores del siglo XX. Reconstruyó un imperio injustamente tiznado por el nazismo y amasó legítimamente una espectacular riqueza de la que se beneficiaron muchos otros. Porque el capitalismo bien entendido, el esfuerzo empresarial correctamente dirigido, crea riqueza para todos los que rodean y colaboran con un empeño. Eso hizo el Thyssen Bornemisza Group (TBG) refundado por Heini Thyssen tras la Segunda Guerra Mundial. Para muchos es difícil trasladar el éxito profesional al familiar y Heini Thyssen no tuvo una vida íntima afortunada. Contó cinco mujeres y durante el último y definitivo de sus matrimonios acabó en el lugar que siempre quiso evitar: ante los tribunales y frente a sus propios hijos. Los lectores de ABC conocen bien el caso, pues como declaraba en estas páginas el pasado 22 de marzo la única hija del barón, la Archiduquesa Francesca de Habsburgo, este periódico «es el que ha dado la mejor información legal» del proceso. Baste recordar la conclusión del mismo tras la firma de un nuevo pacto familiar en Suiza el pasado 15 de febrero. Los principales elementos del acuerdo eran tres:

*La continuidad de la propiedad indivisa del TBG y que éste continuara siendo dirigido por un Consejo Supervisor independiente bajo la presidencia del Heini Junior, primogénito del barón dentro del Continuity Trust. La quinta mujer del barón había intentado que la propiedad del TBG integrado en su totalidad en el Continuity Trust y del que se beneficiaban la mujer e hijos del barón, pasara al Vlaminck Trust, del que la única beneficiaria conocida era ella. La baronesa perdió esa batalla.

*Se cerraron nuevos acuerdos para el pago de la anualidad del barón sobre los que se habían acumulado importantes atrasos. Ganaba en su denuncia la baronesa, mas como escribiera Indro Montanelli al describir la «liberación» de Santander por las tropas italianas en 1937, «único enemigo, el sol y la brisa marina». Nadie le negaba el derecho a cobrar sus anualidades; sólo hacía falta que la marcha de los negocios permitiese hacer efectivos los pagos.

*Los cuatro representantes de la familia en el Patronato de la Fundación Thyssen-Bornemisza eran hasta la fecha nombrados por la propia baronesa, empezando por sí misma. Carmen Cervera designa ahora a dos y la Archiduquesa Francesca a los otros dos.

La baronesa sostuvo siempre que la demanda en la que ella fue la única figura visible siempre se hizo en su nombre y en el de su marido, pero éste jamás dio el más mínimo signo de apoyarla, nunca aceptó siquiera testificar ante el juez en aquella de sus casas europeas que hubiera resultado más conveniente para él y a la que el juez de Bermuda se manifestó dispuesto a trasladarse -era lo menos que podía hacer el togado después de que al plantear en su día los tribunales de Bermuda las dificultades que tenían para albergar un proceso de esa magnitud recibiesen graciosamente y en compensación por sus desvelos un nuevo edificio con todos los adelantos tecnológicos-. Creer que el barón Thyssen apoyaba las demandas contra su hijo Heini Junior y el Continuity Trust era un acto de fe.

Heini Thyssen, ese Midas de ojos perdidos y voluntad secuestrada que en los últimos años era exhibido periódicamente en la prensa del corazón, perdió al final de su vida el contacto con todos aquellos a los que quería. En las últimas semanas he tenido ocasión de ver medio centenar de álbumes fotográficos de un íntimo amigo suyo, un gran señor europeo que era su compadre. El hombre feliz que aparece en esas páginas de los años sesenta y setenta me ha hecho recordar lo que ese amigo suyo me dijo a finales de la década pasada cuando estalló «la guerra de los Thyssen». «Heini me pidió hace unos años que entrase a formar parte del Continuity Trust como protector. Estuve a punto de aceptar porque le debo mucho. Afortunadamente no lo hice. Menos mal, porque en esta pelea tendría que dar la razón a sus hijos». Por desgracia, la soledad de Heini llegó tan lejos que los íntimos amigos del barón tenían que imponerse a la guardia pretoriana que lo aislaba cuando se trataba de informarle de asuntos tan graves como los de noviembre de 1999: que tenía una nueva nieta, de un mes de vida ya, que luchaba contra la muerte -y parecía perder- en un hospital austríaco. Ignoraba ambas cosas.

El barón Thyssen ha muerto en una soledad que alguno de sus deudos vestirá de felicidad. La sucesión de los hechos de la madrugada de ayer describe bien la situación: según quienes lo acompañaban, falleció a la una de la madrugada. La agencia Efe dio la noticia a las 4,40 horas. Su hijo mayor se enteró de la noticia cuando se despertó ayer y puso el teletexto. Su hija Francesca recibió en Croacia, donde se encontraba, dos llamadas simultáneas pasadas las nueve de la mañana. Por una línea su marido, el Archiduque Carlos, que estaba en Rabat y había sido informado por un redactor de ABC. Por la otra un emisario de la baronesa viuda de Thyssen-Bornemisza.

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