Jennifer Bricker: sin límites… sin piernas

Jennifer Bricker: sin límites… sin piernas

Publicado por el 08/06/2017

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Cuando Sharon y Gerald Bricker adoptaron a Jennifer apenas tenía unos meses, unos enormes ojos marrones, una gran sonrisa y un único problema que hizo que sus padres biológicos no la quisieran. Nació sin piernas y con el corazón en el lado opuesto. Los médicos aconsejaron que la llevaran de un lado a otro en silla de ruedas, pero ellos se negaron y la criaron como una más. Enseñaron a sus otros tres hijos que, aunque Jennifer no tenía piernas, debía seguirles el ritmo y que ellos debían ayudarla a que nunca se conformase. El «no puedo» no debía existir en su vocabulario.

Jennifer aprendió a caminar usando sus brazos, a patinar, a trepar a los árboles… jugó al voleibol y se crió como una chica normal y corriente, salvo que no usaba sus piernas. No creía que fuesen necesarias para llevar a cabo sus retos. Y tampoco fue impedimento cuando les dijo a sus padres que quería ser gimnasta. Viendo los Juegos de Atlanta 96, sintió una especial atracción por Dominique Moceanu, que formaba parte del equipo estadounidense que ganó la medalla de oro, y no hubo manera de quitarle aquella idea de la cabeza.

Jennifer, saltando de pequeña en la cama elástica con su hermano

Empezó a saltar en la cama elástica con ayuda de sus hermanos. Perfeccionó su estilo y consiguió entrar en un equipo y participar en unas Olimpiadas Juveniles. Fue incluso campeona de acrobacias del estado de Illinois, siempre imitando los movimientos de su Moceanu. No podía dejar de hablar de su ídolo hasta que un día le preguntó a sus padres sobre su familia biológica. Jennifer sabía que tenía ascendencia rumana, que sus padres eran inmigrantes en Estados Unidos y que la habían dado en adopción por sus malformaciones, pero no fue hasta que cumplió los 16 años cuando le revelaron toda la verdad: su apellido original era Moceanu.

Los Bricker se habían enterado por casualidad. La de Jennifer había sido una adopción cerrada pero los nombres de sus padres biológicos aparecieron en unos papeles y, cuando la televisión los enfocó durante la competición de Atlanta, confirmaron sus sospechas. No quisieron decírselo aún a su hija por lo que podría suponer, pero ya sabían que Dominique Moceanu era su hermana. Jennifer quiso ponerse en contacto con ella y le pidió a su tío, que trabajaba como investigador privado, que encontrara a los padres. Ellos rechazaron la historia, negando en todo momento que hubieran dado en adopción a una niña. El primer intento fue fallido pero no se rindió.

En un segundo intento, Jennifer escribió una carta a su hermana, contándole toda su vida y aportando las pruebas que tenía sobre su parentesco, aunque ocultando un pequeño detalle. Fue la primera vez en su vida que «olvidó» su discapacidad, aunque no por vergüenza sino por evitar un trauma aún mayor. «Era demasiado para asimilarlo todo a la vez», reconoció tiempo después.

Dominique recogió aquel paquete a su nombre en la oficina de correos y llamó inmediatamente a su madre para que le contara toda la verdad. Ella no lo sabía pero su padre había dado en adopción a Jennifer nada más nacer, por miedo a que no pudieran pagar las facturas de los médicos y que aquello mermara su carrera deportiva, que ya empezaba a despuntar con seis años. Al colgar el teléfono, decidió que quería conocer a su hermana y se reunieron por primera vez unos meses más tarde. Ella, Jennifer y su hermana Christina.

Ahora, Jennifer vive en Hollywood, donde trabaja como acróbata. Todo lo que aprendió en su época de gimnasta le ayudó en su nueva carrera y son muchos los que acuden a verla solo por lo llamativo que resulta que no tenga piernas. Incluso Britney Spears la reclutó para una de sus giras internacionales como parte de su coreografía, algo que nunca habría pasado si Bricker se hubiera rendido y no hubiera perseguido su sueño por nacer sin piernas.

Jennifer, junto a todos sus hermanos y hermanas (biológicas)

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