Solidarios

Publicado por el dic 2, 2013

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“No tienen techo y, con el frío que hace, necesitan algo caliente y mantas”. “Este carro de comida, para el banco de alimentos. Yo tengo más de lo que necesito”. “Cuando veo la cara de esos niños dándome las gracias, se me llenan los ojos de lágrimas”. “He recibido más de lo que he dado mil veces”. Estas son algunas frases que he escuchado durante los últimos días. Jóvenes por las calles en las noches frías, jubilados que dan lo que no tienen a las puertas de un supermercado, médicos en Filipinas trabajando a destajo para paliar el dolor y la desgracia.

Españoles, gente solidaria de nuestra tierra, gente sencilla, anónima, generosa, sensible al sufrimiento de los demás. En un país en crisis casi crónica, la generosidad y la grandeza del hombre se abren paso iluminando todo con más brillo que el más espectacular árbol de Navidad. Ese es el mensaje que nos salva de la indiferencia y la anestesia emocional ante el drama del otro, el que no forma parte de nuestro entorno pero sí de nosotros como colectividad y especie.

He sentido paz, felicidad, gratitud y emoción viendo a tantas personas voluntarias, no importa la edad, a pie de calle, trabajando, porque todas son buenas y válidas para ayudar a quien lo necesita, para hacerles sentir que no están solos, que hay alguien al otro lado que no es sino este mismo lado de la vida. Algunos sienten desde su jubilación que tal vez no hacen tanta falta en un sitio pero son tremendamente necesarios en otro. Los jóvenes, con ese entusiasmo y fuerza ilusionantes, invierten sus horas de diversión en un recorrido por la noche de los sin techo, repartiendo caldos, cafés y sonrisas para templar el alma de los que no lo tienen nada fácil.

He tenido la suerte de compartir días y conversaciones con uno de los seres más maravillosos que se ha cruzado en mi camino: Vicente Ferrer, quien, con su presencia, engrandeció el premio Príncipe de Asturias. Desde su humildad, su eterna sonrisa, su chaqueta de pana negra, en Anantapur (India), y después en Madrid, siempre daba una lección sin quererlo ni proponérselo. “Todo es muy sencillo. La felicidad y la vida no tienen mayor secreto”, contestaba a preguntas que buscaban al ideólogo o filósofo que él nunca quiso ser. “Sólo se trata de Amor, en toda la extensión de la palabra”.

Como diría  Matthieu Ricard, “La Felicidad es una forma de ser”. También el amor, el de tanta gente solidaria y anónima que vive y se desvive por toda la geografía de este país que se llama España, también para todos ellos, el amor es una forma de ser. Tal vez la única.

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Ciento volando © DIARIO ABC, S.L. 2013

Ha volado mucho y muy alto. Se ha posado sobre los escenarios de todo el mundo. La han aplaudido a rabiar. Paloma San Basilio se sienta ahora en el patio de butacas y se convierte en espectadora del mundo. Y aquí está para contarlo. Más sobre «Ciento volando»

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