El agua

Publicado por el nov 18, 2013

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El agua fluye, se expande, se retuerce, vibra, titila, se acerca acariciando arenas y rocas, baña tu cuerpo, envolviéndolo de transparencia hasta hacerlo desaparecer; penetra fresca en tus poros para fundirse con el agua que eres, origen de tu vida, agua de placenta cálida y virgen, expresión vital de lo que se transforma y moldea al respirar el aroma del aire.

El agua crece con las lunas llenas hasta tocarlas, luego se repliega sobre sí misma en un bucle narcisista y amante de  humedades  infinitas. Llega del cielo, te cubre, mojando un mundo a veces terriblemente seco y desolado; limpia las calles, las casas, alimenta los campos sedientos de vida y corre, corre una vez más, atravesando valles, precipitándose de las cumbres a los abismos, sumergiéndose en las profundidades de una tierra con corazón de fuego.

El agua se hace lágrima en nuestros ojos conmovidos e indefensos ante la emoción imprevista. Se hace llanto cuando, descontrolada y poderosa, arrasa los espacios; cuando, sin piedad ni pausa, arranca las vidas creadas por ella, como un Dios tirano y déspota; cuando, aliada del viento, siembra de dolor y muerte todo lo que encuentra a su paso. Se hace imponente, altiva, con olas aladas de violencia y estruendo.

El agua es entonces las lagrimas de un niño, el grito de una madre que no entiende por qué la fuente de todo se enfada y encabrita sin motivo alguno y se olvida de ser madre para asolar sonrisas, cultivos, futuro y sueños.

Entonces llega el vacío, la nada, la desolación y la sed de más agua para limpiarlo todo, para respirar de nuevo, para lavar el horror y la tragedia que ella ha provocado sin saberlo. Porque lo peor de todo, lo extraño y curioso, es que el agua no lo sabe, no sabe nada de ella misma, ni cuando crea vida ni cuando la destruye, ni cuando da la felicidad ni cuando la roba.

Ella no sabe nada, la maldad y la bondad le son tan ajenas como a nosotros afines. Solo se limita a ser, a existir, a garantizar nuestra existencia en el universo. Existencia que puede aniquilar para empezar de cero otra vez, como ya hizo en el principio de los tiempos.

Soy un signo de agua, siento una atracción desmedida por el agua y he aprendido a no juzgarla. Me gusta el agua… porque es curva, dice el poeta; el universo es curvo, la luna es curva, la risa es curva, el amor es curvo… la música es… curva… como el agua.

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