Ulises

Publicado por el nov 11, 2013

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Siempre he sentido fascinación por Odiseo, el que no tiene nombre, ese personaje apasionado, astuto y valiente, que protagoniza la Odisea, posiblemente la primera novela de aventuras escrita por Homero y que nadie debería dejar de leer.

Ulises somos todos con más o menos fortuna, con más o menos ingenio y talento para sortear los meandros del río de la vida. Todos nos echamos al mundo buscando la aventura. Los móviles no son lamentablemente el honor y la gloria, como en nuestro héroe, sino el éxito y alguna forma de felicidad. Abandonamos el hogar paterno para crecer, aprender, valernos por nosotros mismos y en el camino formamos parte, a veces sin saberlo, de algún  caballo de Troya engañoso y cómplice de aventuras inciertas que nos obliga a salir maltrechos y sin rumbo, perdiendo en el camino algo de nuestro ímpetu inicial y esa osadía propia de los que aún no saben de qué va la cosa.

En ocasiones, el cíclope nos sale al paso, imponente y demoledor, con su ojo central de gran hermano al que pocos pueden esquivar sin caer en su trampa. Solo la astucia y la cabeza fría y bien amueblada nos permite salir de su guarida con la certeza de que no hay que confundir inocentes montañas con monstruos dormidos, pero acechantes, esperando aprovecharse de nuestra debilidad.

Cuando te creías a salvo, recorriendo el más hermoso paisaje, Circes espectaculares, como tops models, nos ofrecen desde cualquier soporte un mundo de fragancias, placer, perfección y eternidad, al que difícilmente nadie puede resistirse. No importa que a las primeras de cambio, como en la narración, te mires al espejo y te encuentres la imagen de un cerdo, lejos de las promesas de belleza y felicidad que te garantizaban.

El mar, esos mares por los que nos movemos con soltura e inconsciencia, también te puede sorprender con sonidos y voces, sirenas aduladoras y convincentes que te susurran el paraíso para que caigas en sus aguas profundas, de las que ellas no te salvarán pero de las que, si eres buen nadador, podrás salir nadando, naúfrago en cualquier playa desconocida donde siempre Nausica, o algún alma caritativa, te curará las heridas y repondrá tus fuerzas para que continúes tu travesía.

A veces, el mejor puerto es un lugar lleno de cabras y piedras, pero lejos de especuladores y encantadores de serpientes. La mejor compañía es ese ser fiel y paciente que te acepta como eres y que siempre está junto a ti, esperando tu vuelta y dispuesto a amasar el mejor pan y refrescar el mejor vino criado al sol y al aire, sin etiquetas, para compartir una mesa en la que los recuerdos, las aventuras, las dificultades y los sueños sean los más exquisitos manjares.

Penélope guardaba su lecho y se mantenía, tejiendo y destejiendo, fiel a sí misma y a sus promesas y afectos. Telémaco era ese hijo de mirada anhelante, capaz de defender su sangre y el nombre de su padre hasta sus ultimas fuerzas. E Ítaca era esa isla a la que él consiguió regresar para tocar la gloria en el calor de su hogar, en la aridez de sus tierras, rodeado de un mar azul que le permitía navegar en esos viajes de ida y vuelta que cualquier héroe necesita llevar a cabo para ganarse el título de Hombre con mayúsculas.

¡Ojalá todos encontremos en alguna parte nuestra preciada Ítaca!

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