La prisa de sus señorías

Publicado por el nov 4, 2013

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Sus señorías tienen prisa. Algunos optan por conservar la dignidad y bajar con normalidad las escaleras del hemiciclo. Los más tienen prisa y corren escaleras abajo arrastrando maletines y carteras como si de un incendio se tratara. Los pasillos son una especie de sálvese quien pueda en pos del fin-de-semana-puente. La votación no importa mucho. Seguramente sería intrascendente y nuestros representantes no tienen el pudor ni siquiera de esperar el resultado.

¿Se imaginan todas las oficinas, despachos, colegios y comercios del país siendo abandonados con estrépito y a la carrera por quienes un instante antes guardaban las formas y composturas propias del que se sabe cumpliendo una obligación que le permite, por suerte, ocupar el lugar que ocupa?

Ni siquiera en el colegio se nos estaba permitido abandonar el aula alocadamente y sin respeto los unos por los otros, sin pena de una buena reprimenda ante un comportamiento tan poco civilizado. Algo que el presidente del congreso podría aplicar.

Pero nuestros representantes, electos en su mayoría bajo el paraguas de listas cerradas y no siempre con los méritos necesarios para ocupar sus escaños, son como niños traviesos a los que el toque de campana hace olvidar que fueron elegidos para trabajar, sin prisa, a costa de los ciudadanos. No para leer tabletas cuando no les interesa lo que se debate; no para dejar vacío el escaño un día sí y otro también; no para vociferar al del bando contrario y jalear al propio, sea cual sea el tema en cuestión; no para salir corriendo porque el puente se les escapa, cuando al veinticuatro por cien de los españoles el puente se les esta haciendo larguísimo  y a duras penas tienen la posibilidad de cruzarlo y no digamos llegar a la otra orilla.

Ya es bastante obsceno que una y otra vez leamos en los periódicos los beneficios de una banca a la que hemos prestado dinero barato para que ellos saquen pingües beneficios sin poner un solo euro a circular entre la gente de a pie. Es indignante que hablen de recuperación, no se sabe de quién, cuando muchos siguen sin trabajo y tienen que emigrar a otros países. Es desalentador ver una y otra vez los tejemanejes de una justicia que ya nadie entiende y en la que pocos creemos.

Por si era poco, en medio de este panorama, tenemos el patético espectáculo de ver correr a nuestras señorías como alma que lleva el diablo, cuando no hace tanto tiempo luchaban y se felicitaban  por conseguir, sin gran esfuerzo, ese escaño agradecido y protector que les incluía en el mundo de los privilegiados: los que no necesitan preocuparse como otros, que ni corriendo consiguen llegar a final de mes y a los que nadie les da la oportunidad de, apretando un botón, cobrar un sueldo que les permita disfrutar, alegremente y con billetes pagados, de todos los puentes del año.

Como conclusión, propongo instalar por todo el hemiciclo, distribuidas generosamente, barras deslizantes, como las que usan los bomberos, que permitan a sus señorías escurrirse feliz y rápidamente para llegar lo antes posible a sus países de ” Nunca jamás “.

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