Los que ya no están

Publicado por el oct 28, 2013

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Siempre estuvieron ahí, formando parte de nosotros, mirándonos a los ojos a través del cine, la tele y el teatro. Crearon canciones, historias y sentimientos comunes a tanta gente. Ocupaban un espacio único y brillante, alimentado durante años a base de esfuerzo, talento y dignidad. No tenían la prisa presente del éxito fácil y vocinglero, amamantado en programas y tertulias de dudosa credibilidad y peor catadura.

Ellos siempre estaban con nosotros cerca, sencilla y lógicamente. Estaban porque vivían, crecían y maduraban en sus respectivos oficios, junto a nosotros, como amigos con mayúsculas de amigos anónimos que les rodeaban de admiración y cariño, aunque ellos no lo supieran, pero sospecharan, sintieran y necesitaran. Porque ellos sin nosotros no existían y nosotros sin ellos éramos seres sin memoria, ni referencia precisa, para saber cómo, dónde y quiénes somos.

Llenaron la escena, crearon personajes tan reales y tangibles que conseguían transpirar a través de su piel. Sus voces llenaban el aire, dándole forma y sentido, materializando el milagro de la música, fuera del barro que fuera, acompañando nuestras vidas, soledades, tristezas y emociones, teñidas por el sonido de las suyas que, a base de repetirse, ya eran nuestras y no de ellos. Como decían en el cartero de Neruda, “la poesía es de quien la necesita”. Yo diría que las canciones, los personajes, los artículos en un periódico, los libros y los cuadros también son de quienes los necesitan y, sobre todo, de quien los ama. Y, a través de ellos, a sus respectivos artífices .

Y, de pronto, un día la noticia te asalta desde la despiadada luminiscencia de una pantalla o el titular de un periódico. Él o Ella ya no son más. Así, de pronto, casi sin previo aviso, ya no están para mirarlos, oírlos, leerlos, admirarlos y seguir alimentando nuestras vidas con su sonrisa, sus palabras, su ir y venir cotidiano y su trabajo constante y pulcro, que les ha hecho ganarse un espacio propio en una sociedad necesitada de referentes y harta de famosos de mercadillo, de los que nunca  se acordará  nadie, pero que, a veces, taponan los huecos a los que ellos, con mas mérito y pudor, no quisieron asomarse.

Tendremos que aprender a vivir sin ellos, a sentir el vacío de su ausencia, sabiendo que son, que eran, irrepetibles. Aprenderemos a amputar esa parte de nuestras vidas compartidas. Echaremos en falta su luz, su fuerza, su carisma, su talento y, en ocasiones, su rebeldía para luchar por ser ellos mismos en las horas altas y en las que no lo son tanto, en el esplendor y en el olvido. Porque a veces nos pasa que, con el exceso y la prisa, guardamos un tesoro en un cajón y nos damos cuenta, irreparablemente, de cuánto lo apreciábamos cuando un día queremos quitarle el polvo y descubrimos que ya no está.

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Ciento volando © DIARIO ABC, S.L. 2013

Ha volado mucho y muy alto. Se ha posado sobre los escenarios de todo el mundo. La han aplaudido a rabiar. Paloma San Basilio se sienta ahora en el patio de butacas y se convierte en espectadora del mundo. Y aquí está para contarlo. Más sobre «Ciento volando»

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