Día Mundial del Cáncer de Ovario, el Tumor Silencioso

Publicado por el May 8, 2014

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El cáncer de ovario representa la sexta neoplasia en frecuencia en la mujer. Sin embargo, es el tumor ginecológico con mayor mortalidad en los países desarrollados.[1]

Esto se debe a que,  a diferencia de otros tumores como el de mama, colon  o cérvix, no existen a día de hoy métodos fiables de diagnóstico precoz. Así, cuando la enfermedad es detectada, suele hacerse en etapas avanzadas con diseminación en la cavidad abdominal.  Es por tanto clave que las mujeres que presenten síntomas compatibles con la aparición de este tumor, los denominadas “síntomas de alarma del cáncer de ovario ”: dolor abdominal o estreñimiento de nueva aparición, aumento del perímetro abdominal o pérdida de peso injustificada, consulten a su médico de cabecera o ginecólogo.

Una vez se establece una sospecha de cáncer de ovario, la búsqueda de un equipo multidisciplinar, donde las acciones de ginecólogos, patólogos, radiólogos y oncólogos médicos, estén  coordinadas y bien integradas es clave. Está bien establecido que la atención en centro monográficos o altamente especializado en esta patología es un factor que mejora de forma significativa la evolución de la enfermedad. Por ello, se considera esta enfermedad uno de los mejores ejemplos de cómo la práctica clínica multidisciplinar puede beneficiar a las pacientes.

Aun así, se estima que solo el 30% de las mujeres con cáncer de ovario son tratadas en este tipo de centros, incluso en países como estados Unidos, donde la especialización en oncología ginecológica cuenta con una larga tradición. (http://www.nytimes.com/2013/03/12/health/ovarian-cancer-study-finds-widespread-flaws-in-treatment.html?pagewanted=all)

Un punto clave de los cuidados, consiste en proporcionar una cirugía completa que extirpe la totalidad del volumen tumoral. Este es el factor sobre le que podemos incidir de forma más clara y que ha demostrado de consistentemente proporcionar una mejor supervivencia a las pacientes.  La dificultad técnica de estas intervenciones requiere que los ginecólogos que las realicen deban contar con experiencia y entrenamiento específicos, siendo mejores los resultados cuanto mayor sean los casos operados anualmente en un centro.

El siguiente pilar del tratamiento reside en la administración de quimioterapia. El cáncer de ovario es una enfermedad generalmente quimiosensible y la administración de estos tratamientos también ha demostrado aumentar las posibilidades de curación en un número significativo de casos. En concreto, la administración de fármacos citotóxicos a través de un catéter implantado directamente en el abdomen (quimioterapia intraperitoneal) es una de las estrategias más eficaces, aunque no la única.

Recientemente una nueva clase de fármacos, llamados antiangiogénicos, ha demostrado aportar mejoras relevantes en los resultados de supervivencia en grupos seleccionados de pacientes. Estos medicamentos tiene la particularidad de ser completamente diferentes a la quimioterapia, con la que se complementan. De hecho son sustancias que no actúan directamente en las células tumorales sino que impiden que el cáncer produzca nuevos vasos sanguíneos que necesita para sobrevivir.

Sin embargo, una de las revoluciones más significativas en este tumor ha venido de la mano del conocimiento, cada vez más profundo, de sus características moleculares. Sabemos que hasta en el 20% de los casos el cáncer de ovario tiene su origen en mutaciones genéticas que se heredan de padres a hijos. Los genes más frecuentemente alterados se denominan BRCA 1 y 2.

En consecuencia, las guías internacionales consideran obligado que toda mujer con cáncer de ovario sea también valorada en una consulta monográfica de cáncer familiar donde se le informe de la posibilidad e implicaciones del estudio genéticos.

Estos estudios pueden beneficiar no solo a la paciente que consulta sino también a sus familiares, puesto que la detección de una mutación heredada en los genes BRCA 1 y 2 debe llevar asociadas una serie de medidas que permitan diagnosticar tumores de forma precoz o incluso prevenirlos. Casos recientes de personalidades públicas, portadoras de estas alteraciones, son un ejemplo de la importancia de un adecuado asesoramiento en el tema del cáncer familiar.

Además el conocimiento cada vez mayor de estas alteraciones genéticas ha permitido diseñar terapias orales dirigidas contra dianas especificas, los denominados inhibidores de PARP, que podrían incorporarse al tratamiento del cáncer de ovario, especialmente en los casos con mutaciones de los genes BRCA 1 y 2, en los próximos años.

En definitiva el cáncer de ovario es un reto para la sociedad, que debe tomar conciencia de la importancia de la detección precoz de esta enfermedad, y los equipos médicos que deben tender cada vez más a la especialización y el trabajo integrado. De esta forma, avanzaremos en mejorar la supervivencia de esta enfermedad “silenciosa”.

En colaboración con el Dr. García Donas del CIOCC



[1] Asociación española contra el cáncer. Incidencia del cáncer de ovario. https://www.aecc.es/SobreElCancer/CancerPorLocalizacion/cancerdeovario/Paginas/incidencia.aspx

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Cancer: Hechos y Mitos © DIARIO ABC, S.L. 2014

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