Y de repente, agua por todas partes en el Universo

Y de repente, agua por todas partes en el Universo

Publicado por el mar 16, 2015

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Estrellas que «riegan» el espacio, planetas cubiertos de océanos y, los últimos hallazgos, chimeneas hidrotermales en Encelado y un inmenso mar subterráneo en Ganímedes, prueban que el líquido elemento es algo común en el Cosmos.

Si hay algo que astrónomos y cosmólogos han podido comprobar hasta la saciedad durante las últimas décadas es que, en el Universo, hay agua por todas partes. Tanta, que ha pasado de ser un bien escaso a considerarse un componente fundamental del Universo mismo. 

Hay estrellas “ahí fuera” (como la descubierta en 2011 en la constelación de Perseo) que riegan, literalmente, el espacio circundante con gigantescos chorros de agua equivalentes a cien millones de veces el caudal del Amazonas por segundo. Hay agua en las enormes nubes de polvo y gas en las que las estrellas nacen, y moléculas de agua libres por todas partes, flotando a sus anchas por el espacio interestelar. 

Alrededor de estrellas lejanas, existen incluso “planetas de agua”, con sus superficies totalmente líquidas y en las que lo que falta es tierra firme. Y discos protoplanetarios enteros, con mundos nuevos en plena formación alrededor de estrellas jóvenes revelan, como sucede con TW Hidra, la presencia de agua suficiente como para rellenar miles de veces todos los océnos de la Tierra.

Aquí, en nuestro sistema solar, las cosas no son diferentes, y los hallazgos de enormes reservas del líquido elemento se suceden sin cesar. Qué lejos quedan los tiempos (hace apenas unas décadas) en los que pensábamos que nuestro mundo era el unico que poseía el preciado líquido sin el que la vida no sería posible.

Encelado y Ganímedes

Por supuesto, nos equivocábamos. Y las dos últimas pruebas de ese error han llegado esta misma semana en forma de nuevos hallazgos científicos: el primero, descubrir que en el gran océano subterráneo de Encelado existen chimeneas hidrotermales, como en la Tierra, algo que dispara las posibilidades de que haya vida en esa lejana luna de Saturno. A 90 grados centígrados, el agua caliente surge del fondo oceánico de Encelado y se mezcla con el agua fría, creando las condiciones y el ambiente necesarios para que prospere la vida. Aquí, en la Tierra, comunidades enteras de especies marinas viven alrededor de estas chimeneas, auténticos “oasis” de calor en medio de las gélidas e inhóspitas profundidades oceánicas. ¿Podría estar sucediendo lo mismo en esa luna de Saturno? 

El segundo hallazgo, de la mano del telescopio espacial Hubble, confirma que Ganímedes, una de las mayores lunas de Júpiter, se une definitivamente al club de mundos con grandes océanos subterráneos. Y que bajo su helada superficie existe una cantidad de agua superior a la de todos los océnos terrestres juntos. Hasta cien km. de profundidad podría tener este nuevo mar extraterrestre subterráneo.

Pero estos son solo los ejemplos más recientes. Los científicos, en efecto, ya han sido capaces de encontrar agua (y mucha) congelada en el fondo de los más profundos y oscuros cráteres de la Luna, lugares en los que nunca ha llegado un rayo de Sol. Y también se han dado cuenta de que Marte, que una vez se pareció a la Tierra y tuvo sus propios mares y lagos, ha logrado conservar una parte de ese agua mezclada con otros componentes en sus polos y en las capas de terreno más próximas a su superficie. Incluso el ardiente Mercurio, el planeta más próximo al Sol y, por lo tanto, el más caliente, con temperaturas diurnas que superan los 350 grados, guarda pequeños “tesoros de agua” en el fondo de sus cráteres más profundos.

Por no hablar, claro, de asteroides y cometas, que se cuentan por millones en nuestro sistema y que contienen, como es el caso de Ceres(el mayor objeto del Cinturón de Asteroides y al que acaba de llegar la sonda Dawn), enormes cantidades de agua. Algunos investigadores creen, incluso, que el agua de nuestros mares no se formó en la Tierra, sino que fue traida hasta aquí por miles y miles de cometas que chocaron contra nuestro planeta durante el “gran bombardeo” que se produjo hace ya más de 3.000 millones de años, cuando el gigante Júpiter, buscando su órbita definitiva alrededor del Sol, desestabilizó la nube de Oort (una esfera enorme de rocas heladas que envuelve todo el Sistema Solar) y lanzó millones de cometas en todas direcciones.

El agua, pues, no es una “excepción terrestre”, sino que, de una forma u otra, se encuentra a nuestro alrededor por todas partes y en abundancia. Y donde hay agua, por lo que sabemos, es muy posible que también haya vida. Hasta ahora, miles de astrónomos de todo el mundo se han esforzado en encontrar planetas extrasolares parecidos a la Tierra. Y una de las condiciones más importantes para considerarlos como buenos candidatos a albergar vida era, precisamente, que esos planetas estuvieran dentro de la “zona habitable” de sus estrellas, esto es, a la distancia precisa que permita la existencia de agua en estado líquido. 

Ahora, la lista creciente de lunas con océanos subterráneos de agua líquida y muy lejos de la zona habitable, que en nuestro sistema está ocupara por la Tierra, abre nuevas posibilidades a los investigadores. El objetivo científico de encontrar vida fuera de nuestro planeta se acerca más y más a medida que vamos conociendo los mejores lugares para buscar.

En un orden más práctico de cosas, la abundancia de agua a nuestro alrededor elimina, de hecho, una de las principales barreras que existían para seguir avanzando en nuestra conquista del espacio. Y es que no es lo mismo tener que llevarse de la Tierra el agua suficiente para un viaje de varios años que abastecerse por el camino o, incluso, en el punto de destino. Los costes de una misión tripulada son enormes, y se han calculado en cerca de 100.000 dólares por cada kilogramo (de lo que sea) que queramos llevar al espacio. No tener que llevar grandes cantidades de agua desde casa hará posible construir naves más pequeñas y eficientes, más fáciles y económicas de construir y lanzar y, en definitiva, capaces de llegar más rápido y más lejos a los puntos de destino. 

Con Marte en el punto de mira como próximo gran objetivo de un vuelo tripulado, y la exploración humana de asteroides con vistas a su explotación minera, la noticia de que podremos encontrar agua “ahí arriba” ha sido recibida con entusiasmo tanto por las agencias espaciales como las cada vez más numerosas empresas privadas decididas a emprender la conquista del espacio.

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