Un mundo sin Steve Jobs

Publicado por el Oct 7, 2011

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Hace apenas un par de días, durante la presentación en Cupertino del nuevo modelo de iPhone, el mundo sufrió dos decepciones seguidas: la primera fue que no hubo iPhone 5; y la segunda, más dolorosa, que no apareció Steve Jobs. Los periodistas, los desarrolladores, los usuarios, la gente… todos, en fin, esperaban que, aunque sólo fuera durante un instante fugaz, Jobs apareciera para bendecir el acto y, de paso, a su sucesor. Los que lo vieron, lo saben: Tim Cook no es Steve Jobs. Y nunca lo será.

Sin embargo, y a pesar de su más que justificada ausencia, aún quedaba un hilo de esperanza. Jobs siguió siendo, ese día y todos los días que han pasado desde su renuncia como director ejecutivo de Apple, una presencia que acompañaba y que apoyaba, incluso desde la distancia, las palabras y los hechos de sus sucesores.

Pero su muerte, aunque anunciada, ha supuesto una brusca ruptura de ese tenue cordón umbilical. No. Steve Jobs ya no estará allí, ni para dar consejos ni para corregir desde la sombra el rumbo de la compañía que él mismo fundó hace tantos años. Ya no inventará más maravillas, ni contagiará a nadie con sus ideas revolucionarias, ni volverá a arengar a su equipo para que le sigan ciegamente en sus visiones de un mundo más fácil y mejor gracias a la tecnología. “¿Prefieres pasar el resto de tu vida vendiendo agua con azucar o quieres cambiar el mundo?” le dijo en 1983 al entonces presidente de PepsiCo, John Sculley, cuando intentaba ficharlo para Apple, una empresa que entonces  apenas si empezaba a despuntar. Sculley aceptó el reto y acompañó a Jobs durante diez largos años.

El mundo, sin Steve Jobs, será sin duda un mundo peor. Y eso es así porque el legado de Steve Jobs no son solo sus creaciones (los Mac, los iPod, los iPhone, el iPad…) sino toda una filosofía que, sin él, podría perderse para siempre y que se resume en esta frase suya: “El usuario no sabe lo que quiere hasta que no se lo enseñas”. El usuario, la persona, sus necesidades, sus gustos… Esa fue siempre la clave.

Steve Jobs colocó al usuario en el centro de su imperio tecnológico y se esforzó al máximo para comprender lo que los usuarios, las personas, le estaban pidiendo a gritos a la tecnología. Y vaya si lo consiguió. Esa comunión con los gustos y las necesidades de la gente es, ha sido siempre, la clave de todos sus éxitos y el auténtico esqueleto de todos sus logros.

Con ese objetivo absolutamente claro, Jobs se lanzó a librar, y a ganar, una y mil batallas. Ningún enemigo era lo suficientemente grande o temible: ni la industria discográfica mundial, que no tuvo más remedio que hincar la rodilla y cambiar sus cimientos; ni la poderosísima industria de la telefonía móvil, ni los gigantes consagrados de la informática… Jobs entró en todas esas “fortalezas” como un elefante en una cacharrería. Las puso, literalmente, patas arriba y las cambió para siempre.

Para conseguirlo, utilizó, y replicó en sus diferentes batallas, un mismo y único modelo. Un método que, sorprendentemente, le funcionó todas las veces. De forma muy simplificada, la “receta” de su éxito podría ser la siguiente:

1.- Se selecciona un campo de actuación (la música, la telefonía, la informática…). Se estudia a fondo a los usuarios de ese mundo y se identifican sus necesidades reales. Qué servicios tienen y cuáles no, cómo acceden a los productos que se les ofrecen, cuánto les cuestan, cómo se les penaliza… Pero, sobre todo, qué les gustaría tener.

2.- Se investiga después cómo la tecnología puede suplir las carencias detectadas, tanto en la parte de la oferta del producto mismo como en la forma de consumirlo una vez adquirido. En resumen, se trata de acercar la oferta al usuario, y permitirle después consumir el producto de forma inmediata.

3.- Para ello, se trabaja en dos frentes distintos: un “mercado virtual”, accesible desde cualquier lugar, donde encontrar fácilmente los productos (ya sea música, vídeo, libros  o aplicaciones); y un dispositivo especialmente diseñado para acceder y consumir esos productos “in situ” (ya sea un iPod, un iPhone o un iPad).

4.- El conjunto (software + hardware) ha de ser capaz de responder a los siguientes supuestos: El sistema tiene que ser fiable y sencillo de utilizar, debe dar al usuario la libertad de usarlo en cualquier momento y en cualquier lugar y permitirle tanto acceder a la oferta como consumir el producto allá donde se encuentre.

5.- Los dispositivos (el hardware), estarán cuidados hasta el mínimo detalle, tanto en su estética como en su forma de uso. Y dado que no existe este concepto en el mercado, será necesario diseñar esos dispositivos desde cero y sin basarse en ningún producto preexistente.

Fue así, aplicando este modelo, como las fortalezas de la música, la telefonía y la informática fueron derrumbandose una tras otra. El software llegó en forma de un sistema operativo extremadamente novedoso y potente (el iOS en sus diferentes versiones) y de la tienda de música, libros, vídeo y aplicaciones iTunes. Y el hardware para acceder a todo ese mundo de contenidos se ha ido desgranando poco a poco, desde los primeros Mac e iPod a los iPhone y, últimamente, al iPad. Todos ellos éxitos arrolladores de ventas. Todos ellos inaugurando una nueva forma de dirigirse al mercado.

Para el futuro, a corto y a medio plazo, Steve Jobs preparaba ya los pasos siguientes. Y, a pesar del histórico secretismo de la compañía, se sabe que Apple ha comprado recientemente empresas especializadas en imágen holográfica y en 3D, que ha patentado tecnologías de laser y pantallas capaces de proyectar hologramas… que se ha interesado sobremanera en compañías de nanotecnología… Es decir, que la siguiente (o las siguientes) genialidades de Jobs estaban ya en marcha y cociéndose (o a punto de cocerse) en los hornos de Cupertino.

La gran pregunta, ahora, es la siguiente: Podrá Apple seguir el camino trazado por Jobs, sin Jobs? Será capaz Tim Cook de superar las dificultades que entraña abordar algo completamente nuevo y sacarlo adelante con éxito, tal y como hizo su predecesor? Los analistas creen que, por lo menos durante unos años, Apple podrá seguir viviendo “de las rentas” de Jobs y de sus ideas. Y que posiblemente logre poner en el mercado con éxito aquellas que Jobs dejó más avanzadas. El problema podría llegar cuando esas “reservas” de genialidad se agoten.

Huelga decir que, en los últimos años, las grandes firmas tecnológicas (Google, Microsoft, Samsung, HTC, Sony, Motorola, LG, etc.) han aprendido muy bien la lección, y están más que preparadas para asumir los próximos retos. Y, por supuesto, para tomarse su tan ansiada revancha. Pero lo que ninguna de ellas podrá hacer, incluso si Apple fuera finalmente derrotada para siempre, es dar ni un solo paso atrás con respecto a los usuarios. Gracias a Jobs, ellos se han convertido en el auténtico centro alrededor del que la tecnología se construye y se desarrolla. Y así tendrá que seguir siendo en el futuro.

Ese es, y será ya por siempre, su legado.

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