¿Quién cuidó de Benjamín?

Publicado por el Mar 31, 2009

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Hace más de medio millón de años, en la sierra burgalesa de Atapuerca, nació y creció un niño muy diferente a los demás. Tenía la frente excesivamente alta, el lado derecho del cráneo muy abultado y prominente y el izquierdo, al contrario, deprimido y proyectado hacia abajo. Era como si alguien hubiera cogido su pequeña cabeza y la hubiera estirado por la fuerza, hasta deformarla según un imaginario eje diagonal. En el momento de su muerte (que se produjo por causas desconocidas), el pequeño tenía entre cinco y diez años. Lo que implica que tuvieron que cuidarlo y ocuparse de él durante toda su vida. Una conducta protectora y social que muchos se niegan a reconocer en nuestros lejanos antepasados.

Los padres de Benjamín (que así han bautizado los científicos al pequeño) nunca lo supieron, pero el niño sufría lo que nuestros médicos actuales llaman craniosinostosis lambdoidea, una rara enfermedad que hoy, con una población de miles de millones de personas en el mundo, afecta a seis de cada 200.000 pequeños. En aquellos tiempos, y con apenas unas decenas de miles de humanos en total, el caso de este niño debió de ser más único que raro.

La craniosinostosis es una patología muy poco común, cuyo principal rasgo consiste en la fusión prematura de las suturas entre los distintos huesos del cráneo. Una fusión que limita el crecimiento y que puede afectar al desarrollo del cerebro de múltiples formas, pudiendo a provocar retrasos físicos y psíquicos. Hoy, casi todos los bebés afectados son operados al poco de nacer. Pero hace más de medio millón de años las cosas eran muy diferentes…

Entre cinco y diez años

«El niño tenía alrededor de diez años -explica la paleoantropóloga Ana Gracia, autora principal de un estudio que hoy publica la revista «Proceedings»- Encontramos su cráneo en la Sima de los Huesos, en Atapuerca, durante la campaña de 2001. Estaba muy roto, en pedazos, pero completo». Durante el año siguiente, aparecieron más fragmentos, y hasta hace apenas cuatro meses los investigadores no consiguieron encajar el último de ellos. «Ha sido una labor larga y difícil -asegura la investigadora- un trabajo detectivesco en un terreno casi por completo desconocido».

Cuando los científicos se dieron cuenta de la enfermedad que padecía Benjamín, empezaron a surgir las preguntas. Entre ellas, una muy especial: ¿Cómo logró ese niño sobrevivir tanto tiempo? «Trabajamos mucho para establecer la edad del pequeño. Pero su capacidad craneal (1.200 cm cúbicos) y la comparación con otros individuos hallados en la sima (los cráneos 6 y 9) nos dio un mínimo de cinco años y un máximo de doce». Los investigadores determinaron también que la sutura afectada (cerca del parietal izquierdo) debió de fusionarse entre las semanas 28 y 34 de gestación.

Benjamín (o Benjamina, su sexo está aún por determinar) nació con su problema, y su supervivencia hasta el momento de su muerte dependió de cuidados externos. «Es difícil saber -explica Ana Gracia- si el niño sufría algún tipo de discapacidad asociada a su patología. Hoy, todos los casos se operan dentro del primer año de vida y no hay casi literatura científica sobre niños con este mal y edad avanzada. De lo que sí estamos seguros es de que cuando encontremos su cara (lo que nos dará, además, su sexo) ésta será asimétrica, con el lado derecho más corto que el izquierdo. Nació con este problema y lo cuidaron, de eso no hay duda. Como todo niño, tuvo los cuidados propios de la infancia, pero además debió necesitar de un cuidado especial. A menudo, en la naturaleza, los individuos que nacen con problemas son abandonados o incluso muertos, pero este caso revela un comportamiento muy consciente, muy humano».

La investigadora asegura también que «aunque no tenemos ningún dato certero sobre alguna clase concreta de discapacidad, desde luego sí que era diferente. Pero lo aceptaron igual, a pesar de su marcada asimetría facial».

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