¿Pueden realmente los cometas causar extinciones masivas?

Publicado por el Jul 30, 2009

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Es un debate largo y a menudo acalorado. Y a pesar de que casi toda la comunidad científica está de acuerdo en que, hace 65 millones de años, los dinosaurios se extinguieron por culpa del impacto de un asteroide, las cosas no están tan claras con respecto a los demás episodios de extinción sufridos por nuestro planeta.

Las razones de estas dudas son variadas. Por un lado, y como vienen demostrando los astrónomos desde hace ya años, el sistema solar interno (donde está la Tierra) goza de la “protección” de Saturno y Júpiter, cuyos enormes campos gravitatorios absorben un buen número de cometas (como el que cayó en el polo sur joviano el pasado 20 de julio) o los expulsan violentamente al espacio interestelar, impidiendo que lleguen hasta nosotros.

Y ahora, según un estudio realizado por expertos de la New University of Washington y publicado esta semana en la edición online de Science, resulta poco probable que los cometas sean capaces de causar por sí mismos esta clase de extinciones. Y ello precisamente porque no les resulta fácil llegar hasta la Tierra. “Se cree que los cometas de periodo largo (que tardan entre doscientos años y decenas de millones de años en dar una única vuelta al sol) proceden de la zona exterior de la Nube de Oort, pero en realidad nos dan una imagen muy pobre de ella”, asegura Nathan Kaib, autor princial del estudio.

(En la imagen, el cometa de periodo largo 2001 RX14, en una fotografía de 2002).

La Nube de Oort es lo que queda de la nebulosa de la que se formó nuestro sistema solar hace cerca de 4.500 millones de años. Está formada por miles de millones de rocas y fragmentos helados y su “reinado” comienza a unos noventa mil millones de kilómetros de distancia del sol y se extiende ininterrumpidamente a lo largo de por lo menos tres años luz (cada año luz corresponde a 9,6 billones de kilómetros). La inmensa mayor parte de sus miembros nos resultan completmente desconocidos. De hecho, apenas si tenemos catalogados un puñado (unos 3.200) cometas de largo periodo. Entre ellos, el más conocido es el Hale-Bopp, que durante su última aproximación (en 1996) fue visible a simple vista durante casi un año entero.

La cuestión es que hasta ahora se pensaba que todos, o la mayor parte, de los cometas de largo periodo que consiguen penetrar en el sistema solar interno (y cruzar su órbita con la de la Tierra) tenían su origen en las regiones exteriores (y más lejanas) de la Nube de Oort. Y ello es así porque al ser sus periodos de rotación alrededor del sol tan largos, sus órbitas pueden ser afectadas, y cambiadas, por la gravedad de estrellas vecinas que ocasionalmente pasen cerca de nuestro sistema planetario. Cambios orbitales que, en determinadas ocasiones, llevarían a estos vagabundos espaciales a trayectorias relativamente cercanas a la Tierra.

También se pensaba que los cometas más cercanos, los que se mueven en la zona interna de la Nube, sólo podían cruzar sus órbitas con las de nuestro planeta en las raras ocasiones en que una estrella pasa lo suficientemente cerca del sistema solar y causa, eventualmente, una “lluvia de cometas”. Algunos de ellos, en efecto, coniguen atravesar la barrera protectora de los planetas gigantes (Júpiter y Saturno) y cruzarse con nosotros.

En su estudio, Nathan Kaib y Thomas Quinn, han utilizado modelos informáticos para simular la evolución de las nubes de cometas en el sistema solar durante un periodo de 1.200 millones de años. Y han encontrado que, igual que la zona exterior, también la región interna de la Nube de Oort es una fuente potencial de cometas de largo periodo con posibilidades de cruzar sus órbitas con las de la Tierra. Asumiendo que la zona interna de la Nube fuera la única fuente posible de cometas de largo periodo, los investigadores fueron capaces de estimar cuál es el mayor número posible de “visitantes” cometarios procedentes de allí. Y se encontraron con que no más de dos o tres cometas podrían haber tenido posibilidades de chocar con la Tierra durante los últimos 500 millones de años. Demasiado poco como para echarles la culpa de las extinciones masivas.

“Durante los últimos 25 años -señala Quinn- la zona interior de la Nube de Oort ha sido considerada un misterio, una región inobservable de nuestro sistema solar y capaz de lanzar contra nosotros cuerpos que pueden, eventualmente, exterminar la vida en la Tierra. Pero hemos demostrado que los cometas ya descubiertos pueden ser utilizados para estimar el límite superior en el número de cuerpos que hay en esta reserva”.

Existe una teoría que postula que el impacto, más o menos simultáneo, de tres cometas hace cuarenta millones de años fue responsable de un episodio menor de extinción de especies en la Tierra. Pero la investigación de Kaib y Quinn implica que si efectivamente fue así, entonces esa fue posiblemente la lluvia de cometas más intensa que ha sufrido nuestro mundo desde que se tienen registros fósiles. “Eso nos dice que las mayores lluvias de cometas pudieron causar, como mucho, episodios menores de extinción, y que otras lluvias de cometas menos intensas probablemente no causaron extinciones en masa”, asegura Kaib.

“Nos hemos dado cuenta -continúa el científico- de que Júpiter y Saturno no son perfectos, y que algunos de los cometas de la región interior de la Nube de Oort pueden pasar a través de ellos. Pero la mayoría no lo consigue”.

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