No, tampoco en el polo Sur se libraron del meteorito

No, tampoco en el polo Sur se libraron del meteorito

Publicado por el may 28, 2016

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En contra de lo que se pensaba hasta ahora, también la fauna que vivía en los extremos del planeta sucumbió al impacto que extinguió a los dinosaurios.

Hasta ahora, los científicos pensaban que las criaturas que vivireon en las zonas más meridionales de la Tierra corrieron menos peligro que las demás cuando, hace 65 millones de años, un asteroide de cerca de 10 km. de diámetro provocó la extinción de los dinosaurios. Pero se esuivovaban. De hecho, un estudio llevado a cabo por paleontólogos de la Universidad británica de Leeds sobre más de 6.000 fósiles marinos de la Antártida ha demostrado que aquél evento de extinción masiva afectó también, de forma súbita y mortal, a las regiones polares de nuestro planeta.

La investigación, que acaba de publicarse en Nature Communications, mantuvo a los científicos reuniendo e identíficando, durante seis largos años, a más de 6.000 fósiles marinos de entre 69 y 65 millones de años de antiguedad. Se trata de una de las mayores colecciones de fósiles marinos que existe en todo el mundo, y abarca desde pequeñas serpientes y almejas que habitaban en los fondos hasta un “enjambre” de extrañas y grandes criaturas que vivían cerca de la superficie oceánica. Entre ellas, la ammonite Diplomoceras, un pariente lejano de los calamaras y pulpos actuales, con una concha en forma de “clip” que podía llegar a medir hasta dos metros, o reptiles marinos gigantes como el Mosasaurus, el “monstruo” que aparece en el filme Jurassic world.

Tras agrupar todos los fósiles según su edad, la colección muestra con toda claridad que se produjo una drástica reducción (entre el 65 y el 70 por ciento) en el número de especies que vivieron hace 66 millones de años en el océano Antártico. Una fecha que coincide exactamente con la extinción de los dinosaurios y de muchos otros grupos de organismos a finales del Cretácico.

Para James Witts, autor principal del estudio, “nuestra investigación muestra, esencialmente, que un día todo iba bien (el océano Antártico tenía una comunidad marina próspera y diversa) y al siguiente ya no. Claramente, un evento súbito y catastrófico ocurrió entonces en la Tierra”.

Según el investigador, “Esta es la mayor evidencia fósil que existe de que el principal responsable de este evento de extinción fueron las secuelas de un gran impacto de asteroide, y no una disminución más lenta causada por los cambios naturales en el clima o por el efecto del vulcanismo en el medioambiente global”.

Una idea equivocada

El estudio es el primero en sugerir que aquél episodio de extinción fue igual de rápido y mortífero en las regiones polares que en cualquier otra parte del mundo. Hasta hace poco, sin embargo, los científicos pensaban que los organismos que vivían cerca de los polos estaban lo suficientemente lejos de la causa de la extinción como para ser afectados demasiado negativamente, tanto si el origen fue el impacto de un asteroide en el Golfo de México, como si se trató de un episodio de vulcanismo extremo en la región india del Deccan.

Incluso llegó a proponerse la idea de que los animales y las plantas de las zonas polares podrían haber sido más resistentes a los cambios climáticos globales provocados por la caída de un gran asteroide, dado que ya vivían en un ambiente sujeto a cambios estacionales extremos. En efecto, por ejemplo, las formas de vida cercanas a los polos tienen que estar preparadas para vivir en la oscuridad durante la mitad del año y, por esa razón, estar también adaptadas a un aporte muy irregular de alimentos.

Jane Francis, del British Antartic Survey y coautor del estudio, afirna que “estas rocas antárticas contienen un conjunto excepcional de fósiles que han aportado nueva y sorprendente información sobre la evolución de la vida hace 66 millones de años. Ni siquiera los animales que vivían en los límites de la Tierra, cerca del polo Sur, pudieron librarse de los efectos devastadores de la extinción masiva de finales del Cretácico”.

Algunos estudios previos han sugerido que la desaparición de los dinosaurios y otros grupos fue gradual, pero muchos científicos sostienen que, en el caso de los dinosaurios, el registro fósil es irregular, y no puede competir con fósiles marinos en términos de cantidad y biodiversidad.

Según Witts, “la mayor parte de los fósiles disponibles se formaron en ambientes marinos, donde es más fácil que los sedimentos se acumulen rápidamente y entierren restos de animales, como huesos y cuerpos de criaturas de todo tipo. Para que un dinosaurio o cualquier otro animal terrestre fosilice, es necesario que se den toda una serie de condiciones favorables, como que los huesos caigan en el agua y sean enterrados rápidamente para evitar la descomposición. Lo cual significa que los fósiles marinos, generalmente, son mucho más abundantes. Y pueden proporcionarnos muchos más datos para estudiar cómo los ecosistemas y la biodiversidad cambian a lo largo del tiempo, haciendo posible que saquemos conclusiones más robustas sobre eventos concretos en periodos de cambios medioambientales muy rápidos, como es el caso de las extinciones masivas”.

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