Muere Lynn Margulis, la madre de Gaia

Publicado por el Nov 24, 2011

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Lynn Margulis, la más molesta de las “superfiguras” de la Ciencia actual, la bióloga que puso patas arriba la teoría de la Evolución, la madre de Gaia (el padre fue James Lovelock), la eterna candidata a un Nobel que nunca recibió, la dueña de una de las mentes científicas más brillantes del último siglo, murió ayer a la edad de 73 años, como consecuencia de un derrame cerebral sufrido mientras trabajaba con uno de sus estudiantes y del que no consiguió recuprearse.

Margulis, que fue esposa del mítico Carl Sagan, recibió todos los galardones científicos imaginables (incluída la Medalla Nacional de Ciencia norteamericana), pero no consiguió nunca que sus ideas fueran plenamente aceptadas por la comunidad científica oficial. Una simple conversación con ella significaba cambiar, por completo, las ideas que uno pudiera tener sobre el origen y la evolución de la vida. De toda la vida.

Para Margulis, en efecto, los seres vivientes no se clasifican en cinco reinos, tal y como se enseña en las escuelas, sino solo en dos: las bacterias, y todo lo demás. “Creo que existe sólo una forma de vida en la Tierra –dijo una vez a ABC– y que cualquier ser vivo es una parte de algo mayor. Hay vida a muchos niveles: el más bajo es la célula bacteriana y el más grande, en tamaño y volumen, es Gaia, la Tierra entera”.

A diferencia de Lovelock, sin embargo, Margulis no creía que la Tierra fuera un único y gigantesco “superorganismo”. Según ella, Lovelock decía eso “porque creía que si la gente pensaba en el planeta como en un ser vivo, lo cuidarían más. Yo no creo eso. Se puede decir que Gaia es un ecosistema muy complicado, pero no un organismo”.

Fue evolucionistra hasta la médula (darwinista y lamarckiana, pero no neodarwinista), y su principal teoría, la simbiogénesis, le ha granjeado, a partes iguales, tanto la admiración como la oposición de la biología oficial. Según su modelo, las células eucariotas, las que disponen de un núcleo bien definido y de las que están formados todos los animales y todas las plantas, surgieron gracias a la unión simbiótica y gradual de varias clases de bacterias (organismos mucho más primitivos y no eucarióticos).

Para Margulis, es esa simbiosis, y no las mutaciones genéticas al azar (como dicen los neodarwinistas) el auténtico motor de la evolución. En sus propias palabras, “Hay bacterias que son capaces de moverse, otras saben hacer fotosíntesis, otras almacenan oxígeno… Cuando se unen, nace un organismo nuevo y que incorpora todas estas capacidades. El proceso se llama simbiogénesis y está en el origen de la mayoría de formas de vida actuales”.

Año tras año, década tras década, las brillantes ideas científicas de Margulis han ido abriéndose camino hasta convertirse en una parte esencial de nuestra actual comprensión del proceso evolutivo, ese que comenzó con las bacterias y que termina en el ser humano. La muerte, como no podía ser de otra forma, la sorprendió trabajando. Le habría hecho falta más tiempo, quizá solo unos años más, para hacer realidad su sueño: demostrar al mundo que tenía razón.

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