La increíble historia de una mota de polvo de hace 4.570 millones de años

Publicado por el Mar 4, 2011

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Este relato comienza antes de que la Tierra misma empezara a existir. Incluso el Sol no estaba aún completamente formado, y un enorme disco de polvo y gas, los restos de su propio nacimiento, giraba desordenadamente a su alrededor. De esa nube, millones de años después, nacerían todos los planetas del Sistema Solar, incluído el nuestro. Hoy, un equipo de investigadores del Centro Espacial Johnson, de la NASA, ha conseguido estudiar una pequeña mota de esa gran nube de polvo primigenia, y reconstruir su increíble historia. El hallazgo se publica esta semana en la revista Science.

Se trata, probablemente, de la primera materia sólida que se formó en nuestro Sistema Solar. Es más pequeña que un guisante y se encontró, en forma de gránulo, incrustada dentro del meteorito Allende, una roca que cayó en México en febrero de 1969 y cuya antiguedad se ha estimado en 4.570 millones de años, treinta millones de años más vieja que el planeta que pisamos. Los científicos llaman a estos pequeños gránulos CAI (inclusiones de calcio y aluminio).

Los meteoritos han intrigado a los astrónomos desde hace más de un siglo porque contienen tanto minerales que solo pueden formarse en entornos fríos, como minerales originados en entornos muy calientes. Las condritas carbonáceas, como el meteorito Allende, contienen numerosos cóndrulos milimétricos y CAI de hasta un centímetro que en su día se calentaron hasta el punto de fusión y luego se amalgamaron con polvo estelar frío.

“Estos meteoritos primitivos son como cápsulas del tiempo que contienen los materiales más antiguos de nuestro Sistema Solar”, explica Justin Simon, autor principal del estudio. “Los CAI son uno de los componentes más interesantes de los meteoritos. Registraron la historia del Sistema Solar antes de que se formasen los planetas y fueron los primeros sólidos condensados a partir de la nebulosa gaseosa que rodeaba al Sol primitivo”.

Nuestra mota de polvo es, precisamente, un CAI. Y los investigadores han conseguido medir los isótopos de oxígeno de su interior, una pista capaz de revelar los lugares que visitó el CAI antes de formar parte del meteorito Allende y caer a la Tierra. Los isótopos son átomos de un mismo elemento que, sin embargo, difieren en el número de neutrones que contienen sus núcleos.

Y resulta que los isótopos de oxígeno de nuestra mota de polvo primigenio procedían de regiones muy diferentes y alejadas entre sí del Sistema Solar. El hecho de encontrarlos juntos es una prueba de que nuestra mota de polvo recorrió, antes de caer en la Tierra, centenares de millones de kilómetros durante muchos millones de años.

“Justin no solo ha demostrado que este grano de polvo se desplazó por el Sistema Solar recorriendo distancias enormes, sino también que había visitado todos los sitios posibles en los que podría haber estado en el Sistema Solar”, afirma Donald J. DePaolo, catedrático de Ciencias Terrestres y Planetarias de la Universidad de California en Berkeley y otro de los firmantes del estudio.

Según los investigadores, la odisea de la mota de polvo comenzó muy cerca del Sol, donde se formó hace 4.750 millones de años para ser después expulsada hasta las regiones más exteriores de la nube protoplanetaria, donde pudo mezclarse con otros materiales más fríos. Al mismo tiempo que los mundos de nuestro sistema iban tomando forma, nuestra partícula regresó hasta el cinturón de asteroides, quedó incrustada en un meteorito y vagó por el espacio hasta que una “carambola” con alguna otra roca vecina la enviara hacia la Tierra, donde cayó en 1969.

En palabras del propio Justin Simon, “Si uno fuese este grano, habría nacido cerca del Sol primitivo, luego probablemente se habría movido hacia fuera hasta una zona de formación de planetas y después habría vuelto al sistema solar interior o quizás habría salido del plano del disco. Por supuesto, uno habría terminado formando parte de un meteorito, quizás en el cinturón de asteroides, antes de fracturarse y caer sobre la Tierra”.

“Esto -concluye el investigador- tiene consecuencias en el modo en que nuestro Sistema Solar y posiblemente otros sistemas solares se formaron y evolucionaron”.

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