La ciudad de los muros vivientes

Publicado por el Oct 10, 2009

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Hoy le ha tocado el turno a las grandes corporaciones de Pittsburgh, entre ellas, PNC, el quinto banco de Estados Unidos y Westinghouse, el gigante norteamericano de la energía nuclear. El primero se declara comprometido con la construcción y promoción de edificios sostenibles. El segundo, defiende a ultranza los beneficios de la fisión atómica para el medioambiente, sin posible comparación, dicen, con los que pueden dar otras energías alternativas.

El que habla a continuación es Gary Saulson, el director de la división inmobiliaria de PNC. Su banco está empeñado en una “renovación verde” de todas sus sucursales. Porque han comprobado, aseguran, que en ellas, además de ahorrar dinero, los empleados trabajan más a gusto y hay mucho menos absentismo laboral.

“Negociamos tanto con el sector público como con el privado -asegura Saulson- con los Departamentos de Estrado y de Comercio, con Gobiernos de otros países y con empresas constructoras nacionales e internacionales. En Europa, especialmente, están muy interesados en construir cada vez más edificios sostenibles. Y eso se concreta en que hay que coordinar un gran número de acciones, desde elegir los diferentes tipos de bombillas a la clase de ventanas, la orientación del edificio, el material de los suelos… Concurren muchos factores para conseguir que un edificio pueda llamarse “verde”.

Según los estudios que maneja PNC, la mayor parte de las emisiones de CO2 de los Estados Unidos proceden de los edificios residenciales. La gente, en efecto, pasa muchas horas en casa, un tiempo en el que necesita utilizar luz, calefacción, etc. El segundo puesto lo ocupan los medios de transporte y sólo en último lugar aparecen las industrias.

“Por eso, PNC ha construido, y está construyendo, numerosos edificios, tanto en Pittsburgh como en otras ciudades norteamericanas. Este mismo en el que nos encontramos tiene la máxima eficacia energética. Podemos cortar el suministro por áreas, y decidir si pasamos a la energía de los paneles solares en todo el edificio o sólo en una parte. Eso, claro, depende del tiempo que haga fuera…”.

No habla en broma el señor Saulson. Su compañía ha reconstruido ya 68 oficinas y sucursales según los nuevos criterios, “porque el mejor ejemplo es empezar por tu propia casa. Nuestras nuevas oficinas ahorran, con respecto de las anteriores, más de un 34% de energía eléctrica y consumen un 29% menos de agua. Pero además hemos estudiado al detalle aspectos como la climatización, la iluminación, las zonas verdes, la distribución de espacios, etc, para conseguir que nuestros empleados estén mucho más cómodos que antes. El resultado ha sido espectacular. Nuestras encuestas internas revelan más de un 90% de satisfacción de los trabajadores. La gente viene más a gusto a trabajar, y el absentismo laboral se ha reducido en más de un 25%”.

Especialmente orgulloso se siente Gary Saulson de haber implantado, en muchos de los edificios que construye su banco, los llamados “muros vivientes”, auténticas mantas vegetales que recubren los muros exteriores de los edificios. El mayor de toda Norteamérica, con una superficie igual a la de seis campos de tenis, está precisamente en la sede del banco en la Lyberty Avenue, de Pittsburgh. Está formado por 602 paneles de tierra y vegetación de 60 cm cuadrados cada uno. Y las plantas están seleccionadas para que florezcan en diferentes épocas del año, de modo que el aspecto del muro viviente y sus colores cambia con el devenir de las estaciones.

Nuevos proyectos de PNC incorporan este novedoso concepto y otros, como las llamadas “paredes de agua”, tabiques internos transparentes y por los que fluye el liquido elemento, dando a las estancias un “toque” de naturalidad y belleza. “La edad de piedra no se terminó porque ya no hubiera piedras -concluye Saulson- Terminó porque encontramos algo mejor”.

La visión de Westinghouse

Salimos ahora del núcleo urbano de Pittsburgh y nos dirigimos a las afueras, a Cranberry Woods, donde se alza el nuevo y faraónico cuartel general de Westinghouse, el gigante norteamericano de la energía nuclear. Todo el complejo, por supuesto, está construído según las más rigurosas especificaciones de sostenibilidad y su condición de “verde” está certificada por la norteamericana LEED.

El que esté pensando en lavadoras y frigoríficos, que se olvide. Aquí de lo que se habla es de centrales nucleares de nueva generación. Y es tal la magnitud de la empresa, que trata de tu a tu con una buena parte de los Gobiernos del planeta, que no resulta exagerado decir que les da absolutamente lo mismo la política energética que siga uno u otro país. ¿Que España quiere desmantelar sus centrales? Pues que lo haga, están en su derecho, a la compañía le afecta bien poco.

Westinghouse, en estos momentos, está construyendo veinticinco nuevas centrales en Estados Unidos, cuatro más en China y se dispone a empezar también a construir en India, Reino Unido y Francia, que es ya uno de sus mejores clientes, como demuestra la presencia, durante nuestra visita, del cónsul honorario de Francia en Pennsylvania, Jean-Dominique Le Garrec.

Pero la sorpresa no es que el director de relaciones externas de la compañía nos cuente por extenso las enormes ventajas de la energía nuclear con respecto a las demás fuentes de energía, sino la irrupción repentina en la sala del máximo ejecutivo de Westinghouse, Aris Candis, quien se sometió, sin esquivar ninguna, a las preguntas de los seis periodistas europeos.

“Es necesario -asegura Candis- que se explique al público el verdadero potencial de la energía nuclear, que se sepa que la demanda de electricidad se habrá duplicado de aquí al año 2030 y que actualmente, el 20% de la energía eléctrica procede de las centrales”. Para el presidente de Westinghouse, acostumbrado a lidiar en muchos países con políticas energéticas de lo más variado, “en cada lugar se dice una cosa, según el color político que haya en cada momento, pero los datos son datos en todas partes”.

Y esos datos dicen, por ejemplo, que en Estados Unidos el 73,6% de la energía eléctrica que no produce gases de efecto invernadero procede de las centrales nucleaqres. El 26,4% restante se reparte entre otras energías renovables. Y esos datos dicen también que sólo en 2007 las centrales norteamericanas “ahorraron” a la atmósfera la emisión de 692,7 millones de toneladas métricas de CO2, más del doble de la suma de lo que ahorraron todas las energías renovables juntas.

“También hay que explicar al público cómo son las nuevas plantas, modulares, más seguras y con reactores infinitamente más eficientes”. Para los ejecutivos de Westinghouse, la idea de un nuevo Chernobil es impensable porque, a diferencia de esa central, “en ninguna de las que funciona en Occidente se produce material para armamento nuclear”.

Sobre España, Aris Candis se limita a decir que “el Gobierno español está haciendo apuestas muy fuertes en energía eólica y solar, y actualmente las únicas negociaciones que tenemos con el Ejecutivo de Zapatero se limitan al mantenimiento y extensión de la vida de las centrales ya existentes”.

“El Gobierno español -concluye Candis- no es muy favorable a las centrales nucleares y mira más bien hacia las energías alternativas”. Aunque no lo dice expresamente, su rostro no miente, y al decir la última frase pone un gesto que se podría traducir como “ellos verán lo que hacen, aunque para mi se equivocan”.

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