El cocodrilo que comía dinosaurios

Publicado por el Jul 28, 2011

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El hallazgo en Brasil de un raro fósil de cocodrilo bípedo, con enormes colmillos y la cara parecida a la de un perro, arroja nueva luz sobre una extraña pero temible familia de depredadores que, hace setenta millones de años, vivió y prosperó al final de la era de los dinosaurios.

“A pesar de que los cocodrilos modernos tienen cabezas chatas y bajas -afirma Hans Larsson, de la universidad canadiense de McGill-  este nuevo hallazgo nos ofrece la primera perspectiva detallada de la anatomía de la cabeza de este extraño grupo de cocodrilos extintos, de la familia de los baurosúquidos, de talle alto, cabezas como las de los perros, con grandes caninos, cuerpos bien proporcionados y provistos de largas patas”.

La criatura ha sido denominada Pissarrachampsa sera, algo así como “el último cocodrilo de la pizarra”, ya que fue de los últimos fósiles encontrados en un yacimiento brasileño durante la campaña de 2008.

La reconstrucción del animal muestra a las claras que no estamos ante el clásico cocodrilo que se puede encontrar dormitando en la orilla de un río. “Las rocas en las que hallamos los fósiles -asegura Felipe Montefeltro, paleontólogo de la Universidad de Sao Paulo- igual que otras de los alrededores, sugieren que hace setenta millones de años la región era seca y muy cálida”.

Por eso, los investigadores creen que los hábitos y la forma de vida de estos depredadores fue, muy posiblemente, similar a la de los perros salvajes de la actualidad. Y el número y tamaño de sus dientes sugiere que estos cocodrilos se alimentaron de animales que tenían más o menos su misma talla (entre 4,5 y 6 metros), lo que incluye dinosaurios y otros reptiles que habitaban la zona en aquella época.

A diferencia de los cocodrilos clásicos, que se arrastran por el suelo sobre sus cortas patas, Pissarrachampsa sera era capaz de galopar sobre sus largas patas y perseguir a sus presas, a las que laceraba con sus grandes colmillos.

Sin embargo, y a pesar de las enormes diferencias con los demás cocodrilos, tanto prehistóricos como actuales, Pissarrachampsa sera comparte con ellos rasgos como una armadura externa de placas óseas, huesos de superficie rugosa y poderosos anclajes de hueso para los músculos encargados de abrir y cerrar las mandíbulas.

Incluso entre sus parientes más cercanos, los baurosúquidos, este nuevo fósil presenta características anatómicas únicas, como los caninos, inusualmente largos, la cara achatada, su altura o su cráneo, mucho más fino que el de sus congéneres.

“Nos enfrentamos a un línaje excepcionalmente divergente dentro de la familia de los cocodrilos prehistóricos -asegura Montefeltro-. Deben de existir muchos fósiles que aún no hemos encontrado y que enlacen a este cocodrilo con los que existieron antes y después de él”.

Actualmente, los investigadores trabajan en una reconstrucción digital de la cavidad craneal del fósil. Cuando esté terminada, sabremos el tamaño y la forma que tenía el cerebro de esta criatura y sus capacidades visuales y auditivas. Estos resultados se presentarán este mismo otoño en el encuentro anual de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados.

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