Cazadores de asteroides

Publicado por el Feb 5, 2012

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Durante la semana pasada dos asteroides, uno pequeño y otro grande, se aproximaron a la Tierra lo suficiente como para que sus "visitas" fueran recogidas por los medios de comunicación de todo el mundo. El menor de los dos, del tamaño de un autobús, cruzó el cielo a menos distancia de la que nos separa de la Luna. Y probablemente habría sido incapaz de causar daños ni siquiera en caso de colisión, ya que se habría desintegrado en la atmósfera terrestre. El segundo, llamado Eros y de 34 km. de longitud (arriba), pasó a 26,7 millones de km. de nosotros. A esa distancia, tampoco causó daño alguno, pero la cosa habría sido muy diferente si su ruta se hubiera desviado levemente y le hubiera llevado a chocar contra nuestro planeta. En ese caso, Eros habría sido capaz de exterminar de un solo golpe a todas, o a casi todas, las formas de vida conocidas, ya sea en tierra, mar o aire.

Para quien piense que eso no va a pasar nunca, que son especulaciones de cuatro científicos locos, baste con decir que algunos de los mayores episodios de extinción en masa sufridos por nuestro mundo estuvieron causados, precisamente, por el impacto de grandes meteoritos. Entre ellas, la más popular (aunque no la única) fue la gran extinción del Cretácico, hace 65 millones de años, que terminó con el reinado de los dinosaurios y, de paso, con el 70% de las criaturas vivientes en la Tierra. El culpable de la catástrofe fue un meteorito de "solo" 10 km de diámetro. Y Eros es tres veces mayor.

La comunidad internacional de astrónomos, cada vez más consciente del peligro, lleva ya varias décadas intentando localizar y seguir a los asteroides capaces de causarnos algún daño en el futuro. Se les llama NEOs (Near Earth Objects, Objetos Cercanos a la Tierra) y su número, a medida que se van dedicando más esfuerzos para localizarlos, va en continuo aumento.

Ahí van algunos datos: La red internacional de observatorios que hoy se dedica a rastrear asteroides y cometas ha encontrado ya 900 que, durante este mismo siglo, pasarán relativamente cerca de la Tierra. Se trata de objetos, en todos los casos, de más de un km. de diámetro, y la lista crece a razón de 80 nuevos miembros cada año. Entre ellos, 152 se consideran como "potencialmente peligrosos", ya que sus órbitas les llevarán a violar en algún momento la "distancia de seguridad" decretada por los astrónomos alrededor de nuestro planeta: 7,5 millones de km.

Pero esos son solo los más grandes. Además, hay otros 8.542 NEOs con tamaños que van desde 150 a 1.000 metros de diámetro. 1.130 de estos objetos "medianos" también están en la lista negra de los científicos y se consideran potencialmente peligrosos para nosotros, aunque sus efectos en caso de colisión no tendrían consecuencias globales, sino regionales (países o continentes).

Bajando en la escala de tamaños, también se han localizado otros 15.000 asteroides zumbando a nuestro alrededor con longitudes comprendidas entre los 50 y los 150 metros. El comportamiento de estos cuerpos, más pequeños que los anteriores, resulta más difícil de predecir, ya que cualquier choque (con otro asteroide) o incluso la acción del viento solar puede hacerles cambiar de dirección y hacer que, en un momento dado, pongan rumbo a la Tierra. En caso de impacto, los daños que causarían son de carácter "local", es decir, muy localizados geográficamente, aunque podrían destruir una ciudad entera si caen lo suficientemente cerca. Un buen ejemplo es lo que sucedió en Tunguska (Siberia) en el año 1908, cuando un meteorito de 80 metros arrasó por completo 2.000 km. cuadrados de tundra.

Por último, la lista de "vecinos" conocidos se completa con otros 300.000 NEOs pequeños, es decir, menores de 50 metros. Muchos de ellos se vaporizarían al cuzar la atmósfera, y los que llegaran al suelo sólo podrían provocar daños muy puntuales. De hecho, se cree que cada año colisionan con la Tierra unos 1.000 meteoritos de esta clase (más otros 100.000 de pocos kg. de peso, que arden en la atmósfera y caen en forma de polvo). Y dado que el 75% de la superficie del planeta está cubierta de agua, sólo una cuarta parte de ellos cae en tierra firme.

La mayoría de estas pequeñas rocas espaciales escapan a cualquier control y nisiquiera los mejores instrumentos son capaces de verlos hasta que están prácticamente encima. Algo que apenas si deja tiempo para reaccionar, ya que sus velocidades oscilan entre los 20.000 y los 40.000 km por hora.

Se estima que, debido a la aportación de material extraterrestre, la masa de la Tierra aumenta entre tres y treinta millones de toneladas cada año. O lo que es lo mismo, entre ocho y 82 toneladas cada día. Y eso sin que ni siquiera nos demos cuenta de ello.

5 Preguntas sobre los asteroides

Qué son?

Los asteroides son rocas de todos los tamaños (el mayor conocido, Ceres, tiene 1.000 km de diámetro). Son el "material sobrante" de la construcción de los planetas del Sistema Solar. Cuando un asteroide choca con la Tierra, se le llama meteorito.

De dónde vienen?

Existe un cinturón de asteroides entre las órbitas de Marte y Júpiter, formado por millones de rocas que chocan continuamente entre sí. Como en una gran partida de billar, algunos "rebotes" hacen que se dirijan contra los planetas cercanos, incluído el nuestro. Otras reservas de asteroides y cometas se encuentran en el cinturón de Kuiper, más allá de la órbita de Plutón, y en la Nube de Oort, una vasta y desconocida región de "escombros" que rodea por completo el Sistema Solar.

Dónde están sus huellas?

La Luna y los planetas cercanos, que no tienen atmósfera, muestran sobre su superficie cientos de cicatrices causadas por impactos. Los hay también en la Tierra, aunque la mayoría se han borrado. Quedan unos 60 perfectamente reconocibles, repartidos en todos los continentes. Arriba, el Meteor Crater, en Arizona, uno de los más famosos.

¿Cuáles son los más peligrosos?

Los más grandes, capaces de provocar catástrofes planetarias y extinciones a gran escala. Sin embargo, estos gigantes sólo nos llegan cada muchos millones de años. Y además podríamos localizarlos con años de antelación, tiempo suficiente para reaccionar. Por eso, se teme más a los "pequeños" (entre 50 y 100 metros), ya que son mucho más numerosos, difíciles de detectar y un alto poder destructivo en el punto de impacto. Sólo los vemos cuando faltan unas horas para su colisión, sin tiempo para reaccionar.

¿Cómo evitarlos?

Existen varios planes de emergencia, que van desde el envío de misiles (a los pequeños y medianos) a naves "impactadoras" que les golpearían hasta desviarlos. También se ha pensado en engancharlos con cables para arrastrarlos fuera de la trayectoria de impacto, pintarlos con colores claros para que el viento solar los desvíe o, incluso, colocar sobre ellos grandes "velas solares" para modificar sus trayectorias.

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