¿A qué huele el universo?

Publicado por el Feb 9, 2011

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Literalmente, a estrellas muertas. Lo cual viene a ser, para hacernos una idea, una mezcla de metales fundidos, hidrocarburos ardiendo y humo de barbacoa. Un olor que resultaría parecido, si pudiéramos percibirlo, al que encontraríamos en un circuito de carreras cualquier domingo por la mañana.

Por supuesto, ningún ser humano ha tenido, ni tendrá nunca, la ocasión de olfatear el espacio exterior. Y si alguien lo intentara, moriría de forma irremediable, a causa del vacío, la radiación y las bajas temperaturas. Aparte del hecho de que, igual que los sonidos, tampoco los olores se transmiten por el espacio.

Sin embargo, sí que sabemos que los productos de la combustión estelar se encuentran literalmente por todas partes “allá arriba”, tanto en cometas y meteoritos como impregnando cada partícula de polvo espacial. Nada raro, si tenemos en cuenta que existen incontables estrellas quemando su combustible sin pausa desde hace miles de millones de años.

Y sabemos también que esos residuos están constituídos por unos compuestos químicos, los Hidrocarburos aromáticos policíclicos, (HAP) que desprenden un fuerte olor y cuyas moléculas “parecen estar en todas partes a lo largo y ancho del universo”, según palabras de Louis Allamandola, fundador y director del Laboratorio de Astrofísica y Astroquímica del centro de Investigación Ames, de la NASA.

Unos hidrocarburos, por cierto, que también sirvieron de base para las primeras formas de vida que poblaron la Tierra y que hoy pueden encontrarse en grandes cantidades en el carbón, el petróleo e incluso en los alimentos que ingerimos cada día.

Pero volvamos al espacio exterior. A pesar de no poder olerlos en el vacío, sí que existe otra forma de percibir su aroma casi casi en directo. Cuando los astronautas de la Estación Espacial Internacional salen al exterior para efectuar alguna reparación o montar un nuevo módulo, los HAP se adhieren indefectiblemente a sus trajes y herramientas. De modo que muchas de estas moléculas regresan con ellos a la estación, donde sí que se pueden percibir los olores.

En numerosas ocasiones los astronautas, al regresar de sus paseos espaciales, han notado un fuerte “olor a quemado” o a carne frita. El olor del espacio se percibe tan claramente que, hace tres años, la NASA recurrió a todo un especialista, Steven Pearce, del fabricante de perfumes Omega Ingredients, para recrear ese mismo olor en las simulaciones que sirven de entrenamiento a los astronautas. “Hace poco -recuerda Pearce- recreamos el olor de la Luna, que los astronautas comparan con el de la pólvora quemada”.

Allamandola explica que nuestro Sistema Solar tiene un olor especialmente acre porque es muy rico en carbono y bastante pobre en oxígeno. Las estrellas con abundante oxígeno, sin embargo, tienen aromas mucho más agradables y que pueden recordar al de una parrilla de carbón.

Pero es al abandonar nuestra galaxia cuando los olores se vuelven realmente interesantes. En la profundidad del universo, las enormes nubes de polvo donde nacen las estrellas albergan todo un muestrario de olores, que abarcan desde el suave aroma del azúcar al mucho más desagradable de los huevos podridos…

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