Inofensivos buitres

Publicado por el Nov 27, 2013

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Sólo cuando la trompeta ha sonado y se callan las voces de los ojeadores, cuando cesa la traca de disparos y ya no parecen quemarse las encinas con el ruido de los plomos cayendo sobre las hojas. Cuando ya sólo se oye el aleteo de alguna perdiz afortunada, cuando el monte vuelve a su ser y a sus sonidos, tras el paso de los perros queriendo cobrar la pieza, sólo entonces, bajan del cielo dando vueltas los buitres.

Tienen esa paciencia del que sabe que la muerte siempre llega, que la vida siempre acaba, pero no hay nada de siniestro en ellos. Tal vez porque son grandiosos, cinco, seis buitres, blancos y negros, contra el cielo soleado, limpio y azul. Los tenía por buena señal Hércules.

«Porque de todos los animales es el menos dañino, no tocando nada de lo que los hombres siembran, plantan o apacientan, y alimentándose sólo de cuerpos muertos, porque se dice que no mata ni aún ofende a nada que tiene aliento…» cuenta Herodoto Póntico, según recoge Bernis en las Vidas paralelas de Plutarco. Desprecian hasta la perdiz herida. Y al observarlos dar vueltas en el cielo, se sabe que se está viendo algo antiguo, y a la vez evolucionado, al no matar, ni querer nada que tenga vida.

Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, 2-2-2004
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Buen día,
Mónica

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