Una canción para tu funeral

Publicado por el Jul 27, 2011

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A Amy Winehouse le encantaba “So far away”, una canción que sonó en sufuneral. La dulce e incommensurable voz de Carole King transporta hacia el infinito; hacia la más lejana eternidad. Sonó “Candle in the wind”, de Elton John en el homenaje a su amiga Lady Di. Pero ya había sonado anteriormente para otra rubia, una tal Marilyn Monroe, que había fallecido una década antes del momento de su composición.

No es nada drámatico. La muerte esta ahí. Es algo inevitable. No morimos, nos transformamos. Porque somos energía. Y nos transportamos. Porque, como siempre parafrasea mi madre desde que mi hermana se fue, “cuando naciste, tú llorabas y todos a tu alrededor sonreían; vive tu vida de manera que cuando mueras, tú sonrías y todos a tu alrededor lloren”. No es un anuncio de Aquarius aunque lo parezca pero es una bonita forma de decir que vive tu vida como si fuera el último.

Es tierno y entrañable que a uno le escriban una letra. ¿Cuál sería una  buena canción para un funeral? A algunos no le importaría alcanzar el sueño eterno con el Réquiem de Mozart  o el Ave María. Para recibir el ultimo adiós otros pensarian en el himno “In the Sweet by and by”. Pero podría sonar perfectamente una dolorosa “Plainsong”, de The Cure, cuya armonía principal precedería a la explosión en forma de carne de gallina por la cual cualquiera sentiría como se abren las puertas del cielo. Desde cualquier parte o desde una Iglesia, como parece dispensar Jimmi Cliff en “Many rivers to cross” o “The last mile of the way”, de Sam Cooke.

Apropiada “Funeral song”, de The Rasmus. O “November Rain” o “Don’t cry”, de los Guns and Roses. Nadie escondería su dolor y todos llorarían mientras se alcanza el clímax con Slash a la guitarra. Nuestra luz iluminaría el camino. Por eso, siempre pensé que una acústica “Hey, hey, my, my”, de Neil Young, sería ideal durante las exequias. También desnuda “Pennyroyal Tea”, de Nirvana. “La vida parece desaparecer”, rezaba la letra de “Fade to black”, de Metallica, cumpliría su papel.

Incluso “Just like heaven”, de Cure, “Made in heaven”, de Queen, o “Lover, you should’ve come over”, de Jeff Buckley llevaría a cualquiera hasta el mismo cielo. Y se postraría en una nube de algodón. Nick Cave también nos sobrecogería con “When the wild roses grow” o la temblorosa voz de Eddie Vedder en “Black”, como ese esfuerzo vocal en “Wasted time”, de Skid Row. Resplandeciente en ciudad de ángeles, “Iris”, de Goo Goo Dolls.

“Porque todos tenemos alas”, cantaban INXS en “Never year us apart”. Si cometiste algun error y no supiste enmendarlo en su momento, habria que escuchar “Always of my mind”, en la melodiosa voz de Willie Nelson. Coros de gospel y la voz del gran Elvis Presley en “Amazing Grace”. O la despedida en forma de rock de Aerosmith y su conocida balada “I don’t want to miss a thing”. Puede ser que el último aliento de Creed en “One last breath” nos empujara hacia el destino a ritmo de “God be with you”, de Jim Reeves.

La psicodélica intro de “Life in glasshouse”, de Radiohead, sensiblera al piano, como si fuera la moneda ofrecida a Caronte para cruzar el río Aqueronte mientras una sonrisa ensombrece en la oscuridad (“She is putting on a smile”). Destino: hasta siempre. “I won’t have to cross Jordan alone”, de Jonnhy Cash, podría servir de adiós. Siempre jóvenes, cantaba Bob Dylan. Así nos debemos sentir.

Hasta la persona mas fría del planeta se derrumbaría al instante al escuchar los primeros acordes de “Wild horses”, de Rolling Stones o “I will always love you”, de Dolly Parton, esa melodía que inspiró a Whitney Houston en “El Guardaespaldas”. Encajaría la angelical voz de Nightwish en “Sleeping sun”, de “If god will send his angels”, de U2, o “Save me an angel”, de Scorpions.

Lágrimas brotarían desde lo mas profundo de nuestro interior. Porque perder a alguien es doloroso. No existe cura alguna. Solo aprendemos a vivir sin ellos. Pese a quien pese. Nos acompañaría “Tears in heaven”, de Eric Clapton. Y prometeríamos amor eterno con “The promise”, de Tracy Chapman. Hablando de ellos, ELLOS serán nuestros ángeles, como cantaba Sarah McLachlan. “Morning has broken”, de Cat Stevens, rompería los ladrillos de nuestros corazones, al igual que “The dance”, de Garth Brooks, que nos ofrecería su melancolía. Esa inolvidable melodía de “Memory”, interpretada por Barbra Streisand nos dejaría ver que, al final, somos memoria y alma.

Para poner el broche final a una vida habría que colgar el cartel de “The end”, en versión de The Doors. Las campanas repicarían en honor al difunto. Y sonaría Pink Floyd antes del “Live Forever”, de Oasis, en homenaje a los grandes, lo que me recuerda una de las frases de “Santa fe”, de Bon Jovi (“Juro que voy a vivir para siempre”). Los arpegios de “Stairway to heaven”, de Led Zeppelin, amenizaríian la espera. Y todos cantarían que “Eres simplemente el mejor”, como Tina Turner.

 

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