Rock narcótico

Publicado por el Jan 12, 2011

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Sí, es muy probable que se trate de una de las canciones más inverosímiles de la historia del rock and roll. El jijí-jajá porrero, marihuanero, enrolladete y pacifista también petaba a veces, y a finales de los 60 los empachos eran de otro tipo de sustancias más viajeras. Teóricamente, el LSD abría las puertas de la percepción, aunque visto ahora, cuarenta años después, también puede parecer que otras muchas veces las cerraba a cal y canto, y sólo quedaban para la posteridad unas empanadas siderales.Pero también quedaron canciones, grupos que abrieron caminos aunque fueran a tropezones por ellos. Como Iron Butterfly, la efímera banda (apenas cinco años de vida, entre 1966 y 1971), que creó esta canción como poco inusual llamada In-A-Gadda-Da-Vida, peculiarísima tonadilla de diciesiete minutos de duración editada en 1968. Formaba parte del disco homónimo y ocupaba toda la cara B del mismo. En la cara A, tan sólo otras cinco tonadas. Los Iron habían ingerido sus primeras dosis de rock como teloneros de la Jefferson Airplane y los Doors. Probablemente, de ahí su querencia por los altos vuelos. Cuenta la leyenda rockanrrolera (a menudo más divertida y enjundiosa que la verdadera historia) que el extraño título de la canción se debe al estado melopeico total en el que se encontraba la banda cuando la grabó. Originalmente, se llamaría algo así como In the garden ofe Eden, pero a los muchachos se les lenguaba la traba y sólo alcanzaron a pronunciar ese In-A-Gadda-Da-Vida, y unos baby y unos honey, pues por decir algo. A pesar de su duración, la canción tuvo bastante éxito en la radio, sobre todo en sus versiones reducidas. El riff de guitarra es subyugante y la línea del bajo hace volar. Además contenía un solo de batería de más de dos minutos de duración, una pasada, sin duda. El rock duro abrazaba la psicodelia, los músicos transitaban por caminos más o menos iniciáticos, y aunque el llamado acid-rock se perdió a menudo por vericuetos lisérgicos difíciles de digerir, quedaron canciones como ésta. Una pieza convertida en testigo de una época en la que la paz y el amor tenían que convivir con el napalm, y las guitarras distorsionadas con el haz el amor y no la guerra. En España, la tonadilla tuvo su divertidísima réplica a manos (¡quién iba a ser!) de Siniestro Total, que la convirtieron en No me lavo en la vida: “No me lavo en la vida, baby / soy más guarro que tú / no me lavo en la vida, Honey / soy muchísimo más guarro que tú. / Oh, ven conmigo aquí y lávame / Oh, ven conmigo aquí y desinféctame. ¡Más lejía!”. Después de este desparramo y desparrame narcótico-musical, Iron Butterfly no volvió a tener otro éxito similar.

 

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