Hechizo, absténganse fans

Publicado por el Nov 27, 2010

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Me resistía a hacerlo. En la primera escucha lamenté profundamente haberlo
hecho. Lo primero que pensé al escuchar el tributo ‘Hechizo’ fue “este disco es una mierda”. Pero, tras volverlo a escuchar, lo reitero. Las canciones de Héroes del Silencio están labradas con una fuerte personalidad, la de su cantante, Enrique Bunbury, y su característica voz, y un estilo muy particular que lo hace inimitable.

Maldito Duende: Nadie discute que Andrés Calamaro es un gran artista y también tiene un estilo muy peculiar, que le hace distinguible del resto de
‘musicastros’ que pululan por ahí. Pero la versión de esta canción resulta plana, burlesca, ridícula y adolece de la fuerza que caracteriza a este himno generacional.

Olvidado: sin ser uno de los temas más recordados de la banda zaragozana, sí forma parte de uno de sus mejores discos -El mar no cesa- en el que la rubia melena al viento de Bunbury le cortaba media. Ahora Ximena Sariñana la desempolva para convertirla en un amalgama con toques funkys y jazz, aunque reconvirtiendo su esencia en algo difícil de ‘olvidar’.

Sácame de aquí: llega Ariel Rot y su fórmula de éxito, más que explotada. El argentino la ha hecho tan suya que casi ni se reconoce. Cambia la cumbia y el medio tiempo de la original para darle un toque rock pero pierde melancolía y nostalgia.

Los restos del naufragio: Suena embrutecida, austera en la voz de los Pereza. Pero es una de las que mejor suenan. Sin duda. La banda madrileña son estupendos ‘versionadores’. No me desagrada y parece bien sacada de su repertorio.

Porque las cosas cambian: otro de los últimos éxitos de Bunbury. Es una de esas canciones pegadizas que nada más escucharla por vez primera resuena en tu cerebro. Pero Jaime Urrutia, en un ejercicio de arquitectura, la destroza por completo. Sin carisma. Incluso al principio parece que imita al músico maño. Es su amigo, lo ¿habrá perdonado?

Héroe de leyenda: una de esas que viven en los karaokes para deleite de
acérridos seguidores. Suena distinta, totalmente diferente. Regada con
sintetizadores Zoé la ha convertido en una canción muy del siglo XXI, muy
psicodélica. Tampoco me desagrada…del todo.

Hechizo: Catupecu Machu trata de jugar a las imitaciones. El estribillo de
“Vámonos de esta habitación…” queda rezagado casi a un segundo plano, aunque la música tiene empuje, firmeza y garra. Pero escuchar otra de esas canciones para el recuerdo en la voz de Fernando pues como que también pierde un poco de sentido.

El extranjero: Sin más que decir que DePedro tiene un toque ‘bunburiniano’ bastante interesante. Mucha más oscura, apagada y áspera. La chispa adecuada: la enormidad reducida al absurdo. Nada que ver con la original. Los más fanáticos de Héroes deberían taparse los oídos en el momento de ser interpretada por Aterciopelados. uno piensa ‘¿pero esto qué es?’

Lady Blue: el hijo de Jodorowsky, amigo de Enrique, se podía haber quedado calladito. “Todo es insignificante”. Lo insignificante es la versión, cuyo
comienzo resulta enigmática y aburrida. Mejor pasar a la siguiente.

Con nombre de guerra: la crueldad de la letra es enviada al cubo de basura de principio a fin. Obscena versión de San Pascualito Rey.

Entre dos tierras: el himno generacional de muchos españoles. La canción de Héroes y por la que, posiblemente, han pasado a la historia de la música. Otra del catálogo del karaoke. Incluso hoy en día se ‘pincha’ en pub alemanes como tradición. Los gorgoritos del cantante de Sober ahoga su fortaleza. Es casi tronchante el crimen cometido. La desatada furia y la abrumadora creatividad se apaga como la llave de la luz.

Canto (el mismo dolor): leáse en contexto de alguien a quien el estilo de
Macaco no cala en su filosofía musical. Estos giros ‘reggaes’ y con gran protagonismo del bajo en este tema cuyo original comienza con una guitarra
española. Ahora, ésta se cambia por una acústica acelerando el ritmo y dejando de lado su agonística letra.

De mayor: esta es una de las pocas que se salva. La hace suya Iván Ferreiro. El músico gallego destripa la canción -otra de la radiofórmula etapa en solitario de Bunbury- para inventarse una nueva. El gallego le aporta el toque especial de su varita mágica. Me gusta, sí.

El boxeador: no entiendo la elección de esta canción en la voz de Bebe. Estilos antagónicos, metida con calzador en ‘Hechizo’ y que puede herir sensibilidades. Es muy cool, bailable y con aderezado con sonidos muy ‘funkys’.

El viento a favor: la verdad es que Quique González la desnuda y consigue
emocionar. Es sensible, intimista y delicada. Uno de los aciertos del disco. Le
queda como anillo al dedo. Conectará rápidamente con los seguidores de ambos músicos.

Apuesta por el rock and roll: estaba claro que si alguien tenía que cantar esta canción tenía que ser Loquillo. La verdad es que es oportuna y podría encajar
perfectamente en su repertorio. Es gamberra, chulesca y traviesa, más rockabilly que la original. Vale la pena escucharla. 

Alicia: el primer gran éxito de Bunbury en solitario obtiene una nueva esencia en la voz del ex de Roxy Music, Phil Manzanera, con toques vanguardistas y tan creativos que soprende. Cabe recordar que Manzanera ya había producido los discos ‘Senderos de traición’ y ‘Espíritu del vino’. La parte instrumental es carismática y uno de los aciertos. Más progresiva.

Que tengas suertecita: sin ser una gran canción, prescindible quizá en su
repertorio, el mexicano Saúl Hernández aparece como el carnicero de los
sonidos. Porque vamos, la personalidad de la letra y el optimismo queda en
entredicho.

Lejos de la tristeza: ¿Qué pinta Shinoflow en un disco homenaje a
Héroes-Bunbury? Nadie lo sabe. Es otra cosa, otro  mundo. Muy rapeada. Tampoco será recordada. O eso creo.

Mar adentro: el estilo y personalidad de Danza Invisible se cuela casi
provocando hipoacúsia -disminución de la capacidad auditiva-. Sí, señores, otra de las míticas canciones destrozadas. Con un ritmo más pausado y lento. Dan ganas de llorar.

Desmejorado: no podía faltar en este disco el nombre de Raphael de quien
Bunbury tanto ha mamado. Le aporta un valor añejo y expresiva que es saludable. ya estaba editada desde el 2003, ya que el propio Bunbury escribió la canción para el músico de Linares. Si no la habías escuchado antes es tu oportunidad. 

Escucha el disco en Spotify.

 

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