¡Viva Honduras!

Publicado por el Apr 9, 2010

Compartir

Sí, ya sé que ahora estáis todos pensando en el Madríd-Barça y que el clásico fratricida y la infinidad de atractivos con que se presenta este año os tira mucho más en este momento que cualquier historia relacionada con la Selección. Pero a mí me da igual, yo sigo a lo mío. Hoy, de nuevo recurriré a la historia, continuando el recorrido por enfrentamientos pasados con los rivales con los que nos veremos las caras en la primera fase del mundial. Hay lecciones del pasado que nos pueden ayudar en el futuro. Historia magíster vitae est.

Después de Suiza, nos toca Honduras. Ese pequeño país americano y hermano al que Federico Trillo homenajeó un día ante un atónito pelotón de soldados salvadoreños. Es lo que tiene dedicarse a labores tan absorbentes como la alta política y la exégesis de la obra de Shakespeare, que no le libra a uno de los lapsus más estúpidos .

Se trata de recordar choques pretéritos entre las selecciones de España y Honduras. Y si hay un episodio balompédico al que la historia acompañará siempre con una recia interjección de exaltación de la patria hondureña, ese fue el partido que enfrentó a Honduras con la Roja en el mundial de 1982. Para ellos era su primera aparición en los mundiales. Para nosotros, los españoles, era el primer partido en el campeonato en el que, por primera vez también, éramos anfitriones.

La ilusión y la expectación en nuestro país era máxima. Naranjito se paseaba por los televisores de los hogares españoles y en los papeles se decía que España aspiraba al cetro mundial. Sí, lo de ir de favoritos y acabar con el rabo entre las piernas y las orejas gachas es una conducta casi atávica en la selección española. Esperemos que la dulce generación que disfrutamos en la actualidad pueda por fin invertir esta frustrante pauta en los mundiales. 

Aquel año de 1982, el fútbol nos volvió a calzar una dolorosa bofetada a la que, hay que decirlo, nos hicimos bien acreedores. Todo el país aguardaba expectante el debut de la Selección y la Copa del Mundo se vivía con la ilusión por demostrar al mundo que la joven democracia española era capaz de organizar con éxito eventos internacionales de primera magnitud. La organización efectivamente fue excelente y aquel fue un Mundial inolvidable. El fútbol de la selección española, sin embargo, lamentable y para olvidar.

El estreno contra Honduras tuvo lugar el 16 de junio, en Valencia. El estadio de Mestalla se llamaba por aquel entonces Luis Casanova. Valencia apoyó con furor a su selección. El Rey, El presidente Calvo-Sotelo, el ex presidente Suárez; todas las altas autoridades civiles y militares tenían sitio en el palco. El entusiasmo inicial del público se fue diluyendo y la sonrisa satisfecha de los gobernantes tornándose mohín de disgusto a medida que el dios fútbol iba dictando su sentencia. España, entrenada entonces por José Emilio Santamaría, desplegaba un fútbol de encefalograma plano y sus torpes ataques acababan siempre desbaratados por una defensa hondureña bien plantada y coordinada. Los hondureños, conscientes de lo escaso de lo modesto de su arsenal se aferraban al rigor táctico y a la disciplina defensiva.

A los diez minutos, para aderezar aún más el estropicio, la tibieza de la zaga española tendió una alfombra roja a los delanteros hondureños, que se plantaron tirando paredes ante los mismísimos morros de Arconada. Zelaya, atacante hondureño del que desconozco si tiene algún parentesco con el mandatario recientemente derrocado, batía al pobre de Arconada, al que no le quedó otra que salir desesperadamente a lo Hong-Kong Fui.

0-1 y la decepción que comenzaba a instalarse en el graderío. La reacción española fue tan estéril como poco estética. Juanito encorajinado abandonó su demarcación y, con el machete entre los dientes, intentaba crear peligro sin conseguirlo por todas partes del campo. López Ufarte, probablemente el tipo con más calidad de aquel once, se aburría ante la inoperancia colectiva.

Hasta que llegó la ayudita arbitral. Al cuarto de hora de la segunda parte, el árbitro argentino, señor Iturralde, apellido este extendido al parecer en el gremio arbitral, le regaló a la Selección un penalti inexistente que López Ufarte transformó. Solo así pudo aquella España fea hacerle un gol a la aplicada Honduras. Uno y no más. Porque el partido terminó en tablas. Mientras en el país organizador cundía el desánimo y la sospecha de que aquel equipo estaba muy lejos de alcanzar los objetivos con los que la afición soñaba, en Honduras no se lo creían. La alegría al otro lado del Atlántico se desbocó. El presidente Suazo lanzó un mensaje televisado a la nación mientras en los suburbios de Tegucigalpa la gente disparaba por las calles en estruendosa señal de júbilo. Muchos entonaron entonces, con mayor oportunidad que nuestro despistado ministro de Defensa, un orgulloso ¡¡Viva Honduras!!

Compartir

ABC.es

La nariz de Tassotti © DIARIO ABC, S.L. 2010

Recuerda el pasado, disfruta el presente y sueña el futuro de la Roja con ABC.esMás sobre «La nariz de Tassotti»

Etiquetas
Twitter
Calendario de entradas
julio 2017
M T W T F S S
« Aug    
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31