Torres no es Julio Salinas

Publicado por el Oct 11, 2011

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No es la primera vez que el bueno de Fernando Torres está en el ojo del huracán. Ni será la última. Se trata de un jugador discutido casi desde que llegó a la élite. Recuerdo como, cuando empezó a descollar en aquellos años de penitencia del Atleti en segunda, uno de esos seres especiales que van al Calderón cada domingo me decía: «La gente ve los resúmenes de Estudio Estadio, pero los que vamos al campo sabemos lo que falla el tío». 

Quizá tuviera razón. Torres no es ni mucho menos el mejor rematador del mundo. Son muchas las ocasiones que marra. No solo eso. Llega a exasperar a veces lo errático que se muestra en el control del balón, esa suerte en la que Zidane era el maestro de maestros. Esa aparente impericia puede sacar de quicio. Hasta a alguien tan calmo habitualmente como Vicente del Bosque le hemos visto maldecir en el banquillo, «¡Fernando, coño!», viendo como Torres mandaba al limbo una ocasión clarísima. 

Su compañero en el Chelsea, el portero checo Petr Cech, ha señalado algo que muchos ya veníamos notando, que el estilo de juego, dominante y al pie, de la Selección perjudica al delantero de Fuenlabrada. Él cuando más luce es en carrera desbocada hacia la meta contraria. Ahí es donde Torres se revela como vórtice incontenible y donde alcanza su esplendor futbolístico, corriendo cual potro voraz hacia la gloria del gol, oyendo crecer los gritos de la hinchada con cada zancada suya.

Es cierto. Con España no tiene espacios para correr como a él le gusta. Pero ese no debe eclipsar todo lo demás que pone Torres sobre el césped, también cuando viste la Roja. Alguien con tanto oficio y sabiduría en esto del fútbol como Carles Puyol señalaba esta semana que «a los delanteros se les valora por los goles, pero aparte Fernando hace un trabajo importantísimo». 

Aunque haya cierta corriente de opinión decidida a hacernos ver a Fernando Torres como una nueva edición del futbolista patoso que fue Julio Salinas, Del Bosque y sus compañeros conocen la brega oscura y útil de Torres, todos los espacios que genera para el resto de atacantes, todo lo que se pega con los defensas rivales a los que no da un minuto de tregua durante los partidos. Esa labor de zapa y erosión la agradece el equipo. Aunque no trascienda en la estadística. Pese a que desprenda cierto aire pusilánime, Fernando es de los que compite con el machete entre los dientes. ¿No resulta evidente que Villa hace mucho más daño cuando Torres está en el campo? No, ni Torres es Julio Salinas ni los delanteros son solo goles. 

 

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