Torres, el niño centenario

Publicado por el Sep 7, 2012

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El niño tiene ya 28 años y va a jugar su partido número cien con la selección española de fútbolFernando Torres, ingresará si juega hoy el amistoso ante Arabia Saudí en un selecto club del que forman parte apenas media docena de socios: Casillas, Zubizarreta, Raúl, Xavi y Xabi Alonso.

Son 99 partidos y 31 goles los de Torres como internacional, unos guarismos que adornan la carrera del de Fuenlabrada como jugador de la selección, una carrera que viene de antiguo y que ha estado siempre caracterizada por dos elementos: el éxito y la polémica. Siempre cuestionado, siempre aliado con el triunfo, Torres es ya parte de la mejor historia del fútbol español.

Fue en el europeo sub-19 de Noruega cuando el último prodigio de la cantera del Atlético se asomó por primera vez a la cumbre. España conquistó el título ganando por 1-0 a Alemania con gol del niño del Manzanares, un anticipo de lo que haría de mayor en la Eurocopa de 2008. Torres siempre ha tenido ángel, pero pocos entonces imaginaban que estaba predestinado. En aquel torneo fue el máximo goleador.

Sería Iñaki Sáez el que lo haría debutar con la selección absoluta en un amistoso contra Portugal. En 2004 acudiría a su primer gran torneo. En un equipo comandado por los Raúl, Albelda, Salgado y compañía, que fracasó estrepitosamente en la Euro de Portugal, Torres fue de lo poco bueno que mostró España allí.

Su gran eclosión como futbolista estaba por llegar. En el Mundial de 2006, ya con Luis Aragonés, su padre futbolístico en el banquillo, Torres brilló al nivel de una gran selección que solo claudicó, víctima de su inocencia, ante la Francia de Zidane.

En 2007 llegó el salto a la Premier. Torres, convertido ya en uno de los delanteros más cotizados del continente, echó a volar lejos del Calderón, con el recuerdo de su Atleti en el corazón pero con toda la ambición del mundo. En el Liverpool se acostumbró a las grandes noches europeas y explotó, favorecido por las condiciones del juego local, su gran virtud: la velocidad. Y es que el mejor Torres es el que persigue el balón hacia la portería. Con metros por delante y el guardameta entre ceja y ceja.

Después llegaría el año taumatúrgico de 2008, el año en que al fútbol español se le quitó la cara de idiota en una Eurocopa inolvidable. «El Niño» fue decisivo. Cuajó una excelente actuación y consolidó su sociedad letal con David Villa. El momento culminante de su carrera llegaría en la final de Viena contra Alemania. Antes del partido, Luis Aragonés le dijo, bronco como siempre, «usted va a marca dos hoy». Fue solo uno, pero bastó para que España rompiera un maleficio de décadas. La imagen de Torres superando la salida del portero Lahm suspendido en el aire cual pegaso empíreo entró de lleno en el libro de oro de la historia de la Roja.

Tras eso, sufriría el episodio más duro de su carrera. Una grave lesión de rodilla puso en peligro su participación en el Mundial de Sudáfrica. Se machacó en la recuperación para poder estar una cita en la que creía que podría conseguir el sueño de cualquier futbolista, la Copa del Mundo. Sudó sangre y llegó a su cita con la historia, pero aquello le pasó factura. Convertido en un jugador errático, desangelado, mustio, atado por la presión del estratosférico coste de su traspaso al Chelsea —fue el sexto fichaje más caro de la historia y el más caro de un jugador español—, Torres tardó en recuperar su mejor versión y alimentó las críticas de un sector de la prensa y de la afición que no termina de entender que su juego es mucho más que remate y goles, que sus equipos se benefician también de su movilidad y su brega. Aunque no se le vea, aunque ande fallón, él siempre está en guerra. Su dulce semblante esconde a un verdadero zapador del área.

El nuevo seleccionador, Vicente del Bosque, siempre creyó en él, igual que sus compañeros en la Roja. Su inclusión en la convocatoria y su actuación en el debut frente a Italia en la última Eurocopa, en la que Buffon le comió la tostada en una par de ocasiones claras, generaron una de esas ruidosas polémicas de las que tanto gusta la España deportiva, el conocido como debate del 9. Pero, amparado en la serenidad del míster, Torres renació. Vapuleó a la feble Irlanda y fue protagonista en la final. Salió del banquillo y esta vez fue él quien le ganó en el mano a mano a Buffon.

Esta temporada ha empezado a tope, sin la sombra de Drogba en el Chelsea, parece decidido a marcar su territorio y, salvo el correctivo sufrido a manos de su Atleti en la Supercopa, todo son señales positivas. Sabe que se acerca a sus años de madurez, golea y manda en los «blues».

Es Fernando Torres, un niño centenario y campeón de casi todo. No se dejen engañar por su aspecto melancólico. Lo han enterrado unas cuantas veces, pero él no se rinde nunca. 

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