Para pepino pepino, el de Puyol

Publicado por el jun 1, 2011

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Me pide el cuerpo hablar de pepinos. Y de Alemania. Toda la semana dándole vueltas a tan cachonda hortaliza me ha animado a zambullirme en el asunto. Yo es que en las cosas no me adentro, me zambullo, y en esta lo haré recordando lo que de verdad fue un pepino, el golazo de Puyol en las semifinales de Sudáfrica. Eso sí que fue un pepinazo, de tal calibre que provocó una dispepsia aguda en nuestros amigos alemanes. A tenor de la tirria que nos tienen, parece que todavía les dura. ¡¡Peeeeepino!! Bravo, Carles.

Friedrich Nietszche, un alemán al que la historia recordará mucho más que a la politicucha hamburguesa esa que nos acusó en vano, concebía el paraíso como una línea recta hasta la meta. Pues así justo, recto y hasta la meta, irrumpió Carles Puyol en el área alemana aquella noche inolvidable.

No imaginaba uno que una hortaliza de forma fálica acabaría convertida en objeto para la defensa de la dignidad nacional, pero la actualidad global esta en la que nos movemos tiene estas cosas. Yo, aturdida gota en este océano móvil, inmenso y delirante en que nos movemos, llevaré a cabo mi particular e íntima ceremonia de desagravio al pepino español. Me pasaré una tarde entera reproduciendo en bucle en Youtube el pepinazo de Puyol, alternándolo de vez en cuando con el gol de Torres en Viena. Es lo que tiene ser un sureño ocioso, cebado a base de fondos de cohesión e inagotables subsidios para el desempleo, que cuenta uno con mucho tiempo libre entre siesta y siesta. Perdónenme el sarcasmo, pero es que la cosa tiene bemoles. Imaginen por un momento que el asunto hubiera sido al revés, que un consejero español hubiera acusado a las salchichas de Frankfurt de ser un producto letal. Aterra pensar cómo nos habrían castigado por tamaña impertinencia en donde más duele, en la prima de riesgo.

Hecha esta somera vindicación del agro español, tan injustamente mancillado por la ignorancia audaz, suele serlo la ignorancia, de gentes que no se imaginan lo duro que se trabaja en un invernadero almeriense, vayamos al turrón. Vuelve la Roja y eso siempre es una buena noticia. La Federación continúa con su lógico afán de hacer caja con el mundial prestigio de los campeones. Ahora ha organizado dos amistosos contra selecciones tan exóticas como las de Estados Unidos y Venezuela. Será un palizón de viaje para los jugadores, pero esta vez al menos los dos bolos transoceánicos no están esta vez encajados con fórceps en el calendario. Además, después de tanta refriega mediática y deportiva a cuenta del atracón de clásicos, la afición tiene ganas de constatar que la armonía sigue reinando en el combinado nacional. Y, vuelvo a preguntarme, ¿por qué siempre que empleo esta expresión pienso en un DYC con cola?

Libres del aura tiñosa de Mourinho, todo apunta a que los internacionales de Madrid y Barça podrán convivir con la naturalidad que ha sido una de las claves de sus triunfos con España. Y es que Mourinho es como Detritus, el prisionero al que los romanos prometieron la libertad si conseguía quebrar la concordia en la aldea de Asterix. Su ríspida personalidad lo enrarece todo. Por el contrario, el marqués Del Bosque, que se parece más a otro personaje de cómic, Don Pantuflo y, como aristócrata que es, se comporta mejor en sociedad que el entrenador del Real Madrid, sabrá seguro gestionar cualquier posible resquemor remanente y regenerar la propincuidad y el afecto. Si es que tales cosas se hubieran perdido o dañado, que no creo.

 

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