La pereza, el peor enemigo de España

Publicado por el mar 4, 2010

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Esperaba más de un partido como el de hoy. Esta selección me tiene muy mal acostumbrado y ya no me basta con derrotar a Francia en el escenario con más boato posible: el Estadio de Francia en París . Ahora sólo me conformo con la excelencia. Y sí, España empezó muy seria y concentrada un partido que arrancó con trazas de cita mundialista: con rigor táctico y tensión emocional. Los franceses amortizaban el resuello cobrado con el masivo entonar de la marsellesa, ay que ver con qué entrega lo cantan los tíos, y España se aplicaba en un encuentro en el que parecía iba a tener que dar lo mejor de sí misma.

 

Pero fue un espejismo. A esta escuadra le basta ya con sólo con retazos para desarbolar a decadentes potencias futbolísticas como Francia y en uno de esos retazos apareció Villa, con el morder caníbal que le caracteriza, y consiguió quedarse a solas con el pobre de Lloris. Ya se sabe lo que pasa cuando el asturiano consigue algo de intimidad con un cancerbero, que le desgarrará su más íntima posesión, la portería, con un certero e inmisericorde zarpazo.

 

A Francia le duraría el empuje un ratito más, pero sólo sirvió para exasperar a una parroquia local que constataba la nulidad de su equipo. Ramos terminaría con suerte en gol una jugada bien hilvanada y ahí se acabó el partido.

Tras el descanso, los españoles dimitieron, preocupante actitud para quien sabe que de aquí a unas semanas se enfrentará al más importante de sus desafíos, y se limitaron a lanzarle balones a un reaparecido Torres con la esperanza de devolverle cuanto antes a la senda del gol. No sé si agobiados por los rigores de una temporada que se acerca a su zona decisiva, los internacionales españoles se han dejado llevar en la segunda parte y se han limitado  a dejar pasar los minutos. Me consuela saber que Del Bosque se ha percatado y nada más terminar el partido ha dicho que «aspiramos a jugar mejor». Hay muchos factores en un mundial que pueden privar a un equipo favorito de ser finalmente el campéon, uno de los más letales es el conformismo.

 

Como los suyos no podían y los españoles no querían darle el espectáculo por el que había pagado, la afición parisina la ha tomado entonces con su seleccionador, Raymond Doménech y con Thierry Henry. Lo del entrenador se entiende porque al parecer el tío es un impertinente y su equipo no juega un pimiento. Pero, ¿lo de Henry? Sin su mano providencial y tramposa ni siquiera irían al Mundial. Se comporta uno como un canalla sólo por servir a la patria y esta le paga con el desprecio Están locos estos gabachos.

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