El día en que la España del hambre derrotó a Suiza

Publicado por el Jan 3, 2010

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Suiza, Honduras y Chile. Tres rivales ante los que España nunca ha perdido serán los primeros escollos que habrá que superar para hacer realidad un sueño, el de ganar el Mundial, en el que todavía nos da vértigo creer. Hagamos algo de memoria y recordemos una de las muchas veces que España le ha ganado a Suiza.  Os invito a uno de esos viajes que tanto me gustan, un viaje al pasado, un recorrido por la historia del fútbol. Al fin y al cabo es, como diría el historiador catalán Josep Fontana, historia de los hombres.

Estamos en 1941. El mundo está hecho unos zorros. Mientras España se lame las heridas de cuatro años de devastadora Guerra Civil y atraviesa el desierto de una posguerra de hambre y rencor, Europa arde en en la hoguera desatada por el delirio nazi y su criminal codicia. Malos tiempos para la especie y para su juego favorito, el fútbol.

Eran pocos los países que en ese terrible contexto podían plantearse organizar un partido internacional. En aquella España del hambre había ganas de fútbol y el régimen franquista se apresuró a buscarle rival a la Selección para entretener así a un pueblo angustiado por la escasez y arrasado por la contienda fratricida. Y no había mucho donde elegir. O el vecino Portugal, regido por la dictadura de Oliveira Salazar, con el que Franco mantenía notorias afinidades políticas e ideológicas, o la siempre neutral Suiza. Pocos estados europeos más podían plantearse la disputa de un encuentro internacional de fútbol.

Así que el 28 de diciembre de 1941, los combinados nacionales de España y Suiza se verían las caras en el estadio de Mestalla, en Valencia, en medio de una gran expectación. Era aquella una época de penurias, los años del racionamiento, de los campos arados por bestias famélicas y ciudades holladas por niños igual de famélicos. Poco importó. Los españoles tenían ganas de fútbol. Las 18.000 localidades que entonces albergaba el coliseo valencianista se agotaron rápidamente y entró en juego la reventa. Eso, pese a que, como informaba ABC, «la autoridad gubernativa está decidida a reprimir con energía toda venta de localidades a precio superior al fijado oficialmente». Cómo le gustaba a la autoridad de entonces eso de reprimir con energía.

Aquella «Roja» de la Posguerra se había vuelto azul para reflejar el ideal de la patria refundada por la lucha victoriosa del fascismo que anidaba en las cabecitas de Franco y demás gerifaltes acólitos. También había perdido calidad futbolística respecto a años anteriores, como reconoció el presidente de la Federación Suiza tras el partido, «España ha sido superior, pero ahora no tiene la clase de antes». Lejos quedaban los tiempos en los que la España de los Zamora, Samitier o «Pichichi», se hiciera acreedora de la admiración mundial en los Juegos Olímpicos de Amberes.

Efectivamente, la España de la década de 1940 estaba bastante devaluada, pero es que la dramática realidad del país convertía en utópica la práctica de cualquier deporte de élite. Lo ilustra bien la historia de Epifanio Fernández Berridi, «Epi», a quien la historia recordaría como «el ratón de Atocha». Epi era un habilidoso y veloz extremo derecha guipuzcoano. Cuando en el año 1937, en plena Guerra Civil, fue convocado para jugar contra Portugal en Vigo, su padre le negó el permiso. El señor Fernández regentaba una panadería para la que necesitaba el trabajo de sus tres hijos varones y dos ellos estaban ya ausentes tras haber sido llamados a filas. Tan terco se puso, el padre de «Epi», que para que su hijo pudiera hacer realidad su sueño de disputar un partido internacional, la Federación tuvo que gestionar un permiso para uno de sus hermanos, que regresaría del frente para atender la panadería el tiempo que durara la estancia de Epi con la Selección.

Aquella tarde contra Suiza, Epi, sería de los mejores. Le puso ganas y se lució ante el público del equipo que le acababa de fichar, el Valencia, donde, junto a algunos de los que aquel día jugaron por España, formó la recordada «delantera eléctrica».

Arreón hispano

Los suizos llegaron al partido avalados por algunas victorias de prestigio, como las obtenidas ante Alemania e Italia. Su once aquel diciembre lo formaban Bellario, Minelli, Lemann, Fornara, Andreoli, Rickenhbach, Weber, Aeby, Blekel, Amado y Kapenberger. Lo más temible de la escuadra helvética era la técnica depurada que exhibían sus delanteros, que se entendían «a base de pases cortos a una velocidad endiablada». Frente a ellos, y arropados por una grada embravecida, los once españoles: Martorell, Teruel, Oceja, Raich, Germán, Machín, Epi, Herrerita, Mundo, Campos y Gorostiza.

España arrancó achuchando. «Nuestros muchachos, volcándose en un lujo de pasiones, forcejean con la defensa rival», escribió Juan Deportista para ABC. Hasta que llegó el primero. A los pocos minutos de iniciado el choque, Campos remataba de tiro cruzado una rápida combinación en la que intervinieron Germán, Herrerita y Mundo.

Después del gol, la Selección se replegó en exceso y fio todas sus opciones en ataque a las galopadas de Epi, alguna de las cuales habría podido fructificar de haber estado más atinado el espigado Campos. Achicada por su propia falta de decisión, la Selección encajaría el empate en el minuto 33, obra de Kappenberger tras una sucesión de atropellados rechaces. Nada pudo hacer Albert Martorell, meritorio guardameta del Español que intentaba hacer olvidar al mítico Zamora.

Tras el descanso, los internacionales españoles pusieron toda la carne en el asador para conquistar una victoria de la que les alejó su propio conformismo tras ponerse en ventaja en el marcador. El asturiano Herrerita se multiplicaba por todo el frente de ataque y la medular presionaba con tanto ahínco que impedía que los suizos conectasen un pase en condiciones. El público valenciano se venía arriba de la mano del fútbol de la selección. Un cuarto de hora después de la reanudación, Mundo hacía el 2-1 para España en una brillante jugada que remató con un certero disparo desde la frontal. El arreón hispano culminaría con el segundo en la cuenta personal del valencianista Mundo, que la empaló a la media vuelta después de haberle ganado la partida en una salida por alto al portero suizo.

Faltaban todavía veinte minutos en los que España volvió a acularse y a dar opciones al equipo rival. Además, comenzaron a producirse desbarajustes en la zaga y los suizos se lo empezaron a creer. La lesión que obligó a retirarse a Martorell, que había completado una notable actuación, acrecentó las dudas de los españoles. Su sustituto, el deportivista Acuña, no pudo hacer nada por evitar el buen gol de Aeby. Con 3-2 en el marcador se afrontaría la recta final del partido. La Selección todavía sufriría, pero acabaría imponiéndose. España seguía sin perder contra Suiza, una tradición que perdura hasta nuestros días. En Sudáfrica le tocará a los chicos de Del Bosque prolongarla. Seguro que a ninguno de ellos su padre le pone pegas para acudir porque tiene que atender la panadería familiar.

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