El cocido de Del Bosque

Publicado por el Feb 20, 2012

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Algunos de los integrantes fundamentales de nuestra Roja deslumbrante andan últimamente sumidos en la grisura. Demasiados y demasiado importantes. Problemas físicos, decisiones técnicas o melancolías inexplicadas como la de Fernando Torres tienen a muchas de nuestras estrellas lejos de su mejor nivel. Villa, fuera de combate; Xavi, ausente por su sóleo envejecido; Iniesta sin terminar de explotar este año por los problemas musculares; y una pieza de complemento tan importante como Joan Capdevila sin jugar hace meses porque no convence a su entrenador. Faltan cuatro meses para que España debute en la Eurocopa frente a la fiera Italia y Del Bosque tiene motivos para la preocupación. 

Para la preocupación, no para la histeria. Ya en los meses previos al inolvidable Mundial de Sudáfrica los miembros del equipo sufrieron los estragos de la larga temporada y de la sobredosis de exigente competición. Ocurrió con Torres, con Cesc, con Iniesta… Y al final, campeones del mundo. 

Lo más alarmante no es el estado de los internacionales. La mayoría mejorarán y, si no lo hacen, por los campos de España corretean futbolistas de la talla de Llorente, Soldado o Thiago, por mencionar solo algunos, que pueden perfectamente surtir el fondo de armario de la Roja en caso de necesidad. Como dijo Goethe, quien mucho lleva puede llevar algo a muchos. Y España, en fútbol, lleva mucho. Lo inquietante es lo vulnerable y blanda que se ha mostrado la selección en sus últimos compromisos ante rivales de postín. Han sido amistosos, sí, pero los amistosos contra Venezuela se ganan, los que se pierden son contra Inglaterra o Italia. Eso hay que tenerlo en consideración. 

Lo que subyace tras los todavía débiles signos de agotamiento del libreto de la Selección es la evidencia de que Del Bosque no ha dado todavía con un plan B. Los rivales, todos, saben ya cómo juega España; algunos de ellos, los más fuertes, están demostrando además ser capaces de neutralizarla. Esto exige encontrar soluciones ofensivas diferentes a las habituales, desplegar un repertorio distinto. No se trata de renunciar al estilo, pero sí de enriquecerlo para evitar la previsibilidad, que ha sido siempre lo que ha acabado condenando a los grandes equipos que en la historia ha habido construidos sobre el toque y la posesión del balón. 

Cada vez se hace más inevitable dar entrada en la convocatoria a gente como Soldado y en el once a un tipo tan dominante como Fernando Llorente. La condición física en la que llegue Villa, el renqueo de Xavi y la pertinaz miopía de Torres de cara a puerta obligan al seleccionador a trazar un plan B. Salvo, quizás, para el caso del de Terrassa, España tiene cuenta con potenciales reemplazos. Se trata de hacerlos jugar. Ante Venezuela el próximo día 29 será una de las últimas oportunidades de remover el cocido para que no se pegue. Porque toda fórmula, hasta la de la Coca-cola, si no se actualiza, pierde sus efectos. 

 

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