Casillas contra Detritus

Casillas contra Detritus

Publicado por el Jun 11, 2013

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Como si nada hubiera pasado, como si el Mouriñato hubiera sido el mal sueño de una noche de verano, el fútbol español recupera poco a poco la calma. Cinco meses después, Casillas reapareció donde, como diría Rajoy, es natural que esté. Del Bosque, una vez más, demostró su aprecio por la estabilidad de los ecosistemas y lo alineó contra Haití. El inocuo fútbol de los haitianos le dio al portero toda la tranquilidad que le ha faltado esta temporada. No tuvo que hacer ni una parada. Solo exhibirse. Mandar como el león sobre la duna cuando observa la sabana, como le aconsejaba el Makinavaja al Pope para reinos tan suburbiales y canallas como el del fútbol de élite.

Pero el díscolo Mourinho no termina de irse. Para deleite de sus detractores, de los que empiezo a pensar que ya lo añoran incluso más que sus partidarios. Ahí están las declaraciones de Arbeloa para recordárnoslo. Aseguran las malas lenguas que Íker lleva meses sin hablarle. Fue en enero cuando Arbeloa —oh, casualidad— le rompió un dedo en una patada que buscaba un despeje y encontró las manos ungidas del ídolo. Conseguía el lateral lo que no pudo el entrenador con la fallida operación Adán: cargarse a Casillas. La guerra de Cuba empezó con el nunca aclarado hundimiento del Maine. La guerra civil en el Madrid deflagró con un puntapié errado.

El partido contra Haití fue el principio del final del túnel para el portero. Los aficionados volvimos a verlo donde su estampa nos resulta más familiar y donde él ha escrito su leyenda: en la soledad de la portería. Pero este episodio ha dejado en torno a la figura de Casillas algo mucho peor que la contundencia de una condena: la sombra de la sospecha. Porque las condenas, por largas que sean, pueden redimirse, pero la sospecha permanece siempre a la espera del momento oportuno para que los sepultureros la esgriman. La pregunta que queda es por qué un tipo con una imagen pública tan impecable como la suya ha suscitado repentinamente tan viscerales odios entre algunos de sus compañeros de trabajo, de hombres que han compartido con él la intimidad de hoteles y vestuarios, que han corrido y sudado a su lado, se supone que en aras de un objetivo compartido.

¿Será posible que Casillas sea en realidad un malvado al que solo conocen realmente los que lo han tratado en largas horas de vuelos, partidos, carrera continúa y sesiones de fisioterapia? ¿Pueden ser su astucia y abyección tales como para haber tenido a todo el país engañado durante años? ¿Enmascara esa sonrisa angelical, deseada por todas las madres de España para sus hijas, a un tipo sin escrúpulos? En definitiva, ¿es en realidad Casillas un monstruo? Preguntas cómo quién mató a Kennedy.

Quizá sea cierto. Quizá el de Móstoles sea un mal compañero, ladino y engreído, al que solo el iconoclasta Mourinho se ha atrevido a denunciar. No sabemos. Lo que sí sabemos es que ha vuelto a la portería. También que Asterix y Obelix volvieron a cazar jabalíes y aporrear romanos juntos tras el fracaso del funcionario que Julio César envió para someterlos sembrando la discordia entre ellos. Detritus se llamaba el tipo en el tebeo. Casillas volvió contra Haití. También él ha sobrevivido a su Detritus.

 

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