Boston, Massachusetts, donde Tassotti nos partió el alma

Publicado por el Jun 2, 2011

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Todos recordaréis aquel 9 de julio de 1994. La España de Clemente remaba a la desesperada contra la enésima confirmación de su sino fatal en los Mundiales. Salinas fallaba una ocasión clamorosa ante Pagliuca y, cuatro minutos después, Roberto Baggio, un pedazo de futbolista con trazas de chulo de playa, fulminaba las ilusiones españolas. Luis Enrique luchaba con ímpetu estéril contra un destino ya escrito y fue a por un balón colgado al área con la fe desquiciada de los náufragos. Lo demás ya es historia. Por el camino se topó con el codo brutal de Mauro Tassotti que, con la aquiescencia arbitral, le partió a él la cara y a millones de españoles el corazón.

Mañana la Roja vuelve al escenario de aquella tragedia, a Boston. El viejo estadio Foxboro, sede de los Patriots de Nueva Inglaterra, fue demolido pero en el mismo lugar se levantó su sucesor, el Gillette Stadium. Ya se sabe que ahora los estadios lo mismo tienen nombre de aerolíneas que de cuchillas de afeitar. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora somos campeones admirados y Tassotti, su nariz aquilina y sus codos como guadañas nada más que un mal recuerdo. ¿Pero no está mal recordar, no?

Aquello ocurrió antes, mucho antes de que Torres primero e Iniesta después nos demostraran que la historia nos tenía reservadas algo más que puñaladas y hiel. Yo tenía catorce años, esa edad fea en la que no sabe uno si es un niño, un hombre, o qué demonios es. Estaba en Inglaterra. El bueno de Jackie Charlton, creo que por aquel entonces seleccionador de Eire, intentaba en la previa de la BBC convencer a la audiencia de que la favorita era España. También recuerdo el empate de Caminero y los dantescos diez minutos finales. Cómo olvidarlos.

Íker Casillas es un año más joven que yo. Él también vería el partido. ¿Sería consciente aquel chaval de Móstoles de su condición de elegido? ¿Se imaginaría defendiendo la portería española en unos penaltis, también contra Italia, en los que rompería, por fin, el maleficio? No creo. Íker es un tío con ángel y los que tienen ángel no suelen reparar en él.

Repasando las imágenes de 1994 se aprecia que han cambiado muchas cosas además de la suerte. Entonces salíamos con gente como Salinas, como Zubizarreta. Ahora sacamos a Casillas y a Villa. La diferencia es evidente. Como cuando uno mira las fotos de sus abuelos. Los ve sombríos, ellas con mantillas y rosarios y ellos con la expresión famélica y miedosa de una posguerra. Cómo hemos cambiado. Y qué felices somos ahora.

 

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