Rambo busca una patria

Publicado por el oct 28, 2013

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De la saga Rambo se hicieron tantas entregas que ya no recuerdo en cuál era. La tercera, quizá. Cansado de sus años en el frente, Sylvester Stallone, John Rambo, vive retirado en una comuna oriental. Un día, mientras hace girar sobre el fuego un pollo ensartado, recibe la visita de su viejo jefe, el coronel Trautman. El oficial, encarnado por Richard Crenna, le pide a Rambo que aparque su dolor y vuelva a las armas porque su país le necesita. El resentido combatiente se niega y pronuncia una de esas frases que ya es parte de la historia del cine: «Solo quiero que mi país me quiera tanto como yo le quiero a él».

Pues bien, trasladado el relato al panorama futbolístico actual, Rambo bien podría ser Diego Costa y el coronel Trautman Luiz Felipe Scolari. Anda estos días desesperado el seleccionador brasileño intentando persuadir al aguerrido Diego porque parece que, tras tanto desplante, tras tantos meses de ser ignorado su torrente goleador en su país natal, el delantero del Atlético de Madrid va a ponerle los cuernos con Vicente del Bosque y la seductora selección española.

En la película, el atormentado personaje de Stallone terminaba cediendo, esclavo de su ardor guerrero y de su fervor patriótico, pero, al contrario que el héroe del celuloide, Diego Costa sí tiene una bandera alternativa que abrazar, la de España, un pabellón ganador al que se hace muy difícil decirle que no. No hay duda de que Diego está deseando untarse la cara de barro y afrontar la cita mundialista con el machete entre los dientes. La duda es al servicio de quién lo hará.

Los mimos de Felipao llegan tarde y mal. Scolari solo se ha movido cuando se ha dado cuenta de que el interés español por el artillero de Simeone era real. Solo a última hora ha parecido considerarlo de veras. Ha estado lento y torpe. Todo lo contrario que Del Bosque, que llevaba meses poniendo parches en la posición de nueve cuando el volcán Diego Costa entró en erupción, y activó la operación de la FEF. El salmantino se movió bien. Sin alharacas pero con premura, contactó con el jugador. Así le hizo sentirse importante, lo principal para cualquiera que conozca un poco cómo funciona la mente de un futbolista. En eso, en saber tratar a la gente, a Del Bosque no le gana nadie y es esa habilidad la que explica que España esté a punto de marcarle en los despachos a Brasil el primer gol de un Mundial que empezará en junio.

Si esto acaba como parece que va a hacerlo, Diego Costa habrá encontrado una patria y España al más despiadado y efectivo de los mercenarios. Ganarán los dos. Habrá perdido Scolari.

 

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