Íker Casillas, un tipo no tan normal

Íker Casillas, un tipo no tan normal

Publicado por el Sep 4, 2013

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¿Víctor Valdés o Íker Casillas? Esa es la pregunta que tendrá que responder Vicente del Bosque antes del decisivo partido ante Finlandia. Si les soy sincero, no me gustaría estar en los zapatos del seleccionador. Si analizamos el asunto desde la óptica estrictamente técnica que se supone que deben aplicar los entrenadores de fútbol profesional como Del Bosque, la elección estaría clara.

Casillas sigue postergado en el banquillo del Real Madrid, viendo como su equipo crece sin él y el tiempo difumina poco a poco su leyenda. La historia está llena de mitos caídos; la historia reciente del madridismo, ni les cuento. Mientras, Valdés ha comenzado la temporada con el Barça a su excelso nivel habitual. Tan acertado en sus decisiones como asombroso en sus estiradas, en este su último año de azulgrana parece haber alcanzado la madurez. De momento, este Barça de Martino le debe más a él los nueve puntos y la Supercopa que adornan su balance que a las estrellas Messi o Neymar. El catalán, por otra parte, ya lo demostró en la crucial victoria de París y siempre que se le ha requerido, no va a ser de los que se arrugue cuando se enfunde la española. Lo lógico sería que fuera titular.

Hay detractores del seleccionador que aseguran que le trae al pairo lo que se vea jornada tras jornada, que él alineará a Íker hasta que éste se retire, o hasta que se retire él mismo. Yo no lo creo. Al salmantino todo este folletín de la suplencia de Casillas le supone un quebradero de cabeza que seguro que hubiera preferido ahorrarse. Pero lleva en este negocio el tiempo suficiente como para saber que poner a un tío que no juega con su club en la portería de la selección es una temeridad. El arco, como le llaman en América, es el himen vital de un equipo de fútbol. Su custodia no puede confiarse a un profesional mermado por la falta de confianza.

Y por ahí llego a lo que viene señalando Del Bosque desde que sabe que Ancelotti mantiene la apuesta de Mourinho por Diego López: que Íker Casillas no es un profesional como los demás. Ha habido muchos grandes porteros de fútbol. Héroes, no tantos. En una cita como el Mundial, este juego se desliza hacia el terreno de la épica, hacia momentos en los que el destino segrega a los grandes campeones de los que son, simplemente, buenos jugadores. Háganse una pregunta. Cuando el verano que viene llegue el momento, que llegará, en el que esos once millonarios en calzones se estén jugando el orgullo de su país en unos penaltis decisivos, cuando los ojos de todo el planeta se dirijan a un tórrido estadio brasilero acezantes por ver a la campeona hincar la rodilla, cuando a ustedes se les salga el corazón del pecho y reparen, aunque sea gracias al fútbol, en cómo se siente eso de ser español… Cuando todo eso ocurra, ¿a quién querrán ver en su televisor?, ¿al portero más en forma del momento o al hombre que rompió el maleficio de los cuartos contra Italia?; ¿al guardameta menos goleado del último trimestre?… ¿o al tipo que miró a los ojos de Robben antes de birlarle la gloria con la punta de la bota?

Sí, es difícil la papeleta para Del Bosque, sí.

 

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