Twitter y el debate político

Publicado por el May 28, 2015

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Twitter es una de las redes sociales con mayor impacto en los últimos tiempos. La red cuenta con cifras de usuarios que aumentan día a día de forma vertiginosa y su desarrollo parece no tener techo. Quizá la mayor parte de su éxito puede residir en la originalidad que significa constituir al mismo tiempo un medio de comunicación y una red social, limitándose la extensión de sus contenidos a 140 caracteres.  Sin embargo, el secreto mejor guardado que esconde son unos incentivos de “competencia”, significativamente mayores que los de otras redes sociales como Facebook o Linkedin, pues los vínculos entre los usuarios en esta red social pueden ser asimétricos. Es decir, en Twitter los dos extremos del vínculo virtual no se ponen simplemente en contacto el uno con el otro, sino que existe una diferencia entre los usuarios de la red: “seguidores” (“followers”) y “seguidos” (“followed”). Esto incentiva el suministro de información atractiva para así obtener un mayor número de seguidores.

Latinoamérica es la región en la que más está creciendo Twitter.  Hoy, a nivel global, Brasil ocupa el quinto lugar mundial en grado de implantación, México está en el décimo puesto y Argentina y Colombia comparten el décimo quinto.

El estudio anual “Twiplomacy”, realizado por la consultora internacional de comunicación estratégica Burson-Marsteller, subraya que los gobiernos están redoblando esfuerzos en sus estrategias de comunicación digitales. En la actualidad existen más de 669 cuentas de gobierno en 166 países. Es decir, cerca del 86% de los 193 gobiernos representados en las Naciones Unidas están en Twitter.
En cuanto a los mandatarios más populares, los cinco líderes mundiales más seguidores son: el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama (@BarackObama),con 57 millones de seguidores en la cuenta de su campaña presidencial; el Papa Francisco (@Pontifex_es) que alcanza los 20 millones de seguidores en las nueve cuentas en todos los idiomas; seguidos por el Primer Ministro de la India (@NarendraModi), el Presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan (@RT_Erdogan), y la Casa Blanca (@WhiteHouse).

En América Latina, ocupa el primer lugar en número de seguidores el presidente de México, Enrique Peña Nieto (@EPN), quien supera por poco al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos (@JuanManSantos) y a la Presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner (@CFKArgentina) que cuentan con más de 3,6 millones de seguidores cada uno. La Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff (@dilmabr) figura en cuarto lugar, seguida por el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro (@NicolasMaduro), con 3,3 y 2,4 millones de seguidores respectivamente.

Twitter ha generado en el mundo de la comunicación un fuerte debate acerca de los efectos de este medio como instrumento de comunicación política, electoral, y como herramienta para poner en contacto a los políticos con los ciudadanos.

Por un lado, están los que piensan que la herramienta abre la puerta a un populismo de 140 caracteres que solo sirve para banalizar y desvirtuar el debate público obviando así el hecho incontrovertible de que la política se ocupa de cuestiones muy serias. En definitiva, que Twitter atiende más a las cosas de la política que a la política de las cosas.

Otro sector reúne a los que piensan que las ventajas del uso de este medio son numerosas: confiere al político una imagen de modernidad, permite una conversación cercana con el ciudadano que “humaniza” a los políticos y les permite conocer de primera mano las inquietudes y necesidades de los ciudadanos. Asimismo, señalan que es el medio que con mayor inmediatez se acerca a la actualidad, así como una fuente eficiente de suministro información para los periodistas.

Quizá ambos grupos tengan razón: por un lado, el nuevo paradigma de comunicación obliga a los políticos a participar en debates de poca profundidad, pero de gran seguimiento en las redes sociales. Sin embargo, quien crea que Twitter es el fiel reflejo de la sociedad en la que vive y que las elecciones se ganan en las redes sociales incurre en un grave error.

Porque se debe tener en cuenta que hoy en día se ha extendido la creencia de que lo único importante en política es “comunicar”, es decir, vender simplezas posmodernas convertidas en mercadería política mediante la demagogia, excitando así las pasiones más primitivas del ciudadano, considerado como un hombre-masa carente de todo juicio racional.

Cualquier mensaje político de estas características es rechazable éticamente, pero también lo es desde un punto de vista práctico. Porque la retórica devenida demagogia es mero artificio y está condenada al fracaso. Los medios de comunicación de masas permiten hacer un seguimiento minucioso de la gestión de un político y la palabrería hueca se termina revelando como tal. El ciudadano, en definitiva, termina descubriendo el engaño llevado por su razón: “Oiga, no me diga que se va ocupar: ocúpese”, “no me diga que hay que tener un comportamiento ético, téngalo”.

En definitiva, la buena política pública debe fundamentarse en la razón. Sólo así podrá ser el “arte de hacer lo posible” y no de “decir lo posible”.

 

 

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