Brasil: final abierto

Publicado por el Oct 10, 2014

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Las idas y venidas en las encuestas, los errores de todos los vaticinios y los resultados finales de las elecciones de Brasil en primera vuelta vaticinan un final abierto en el ballotage previsto para el 26 de octubre, en el que se enfrentarán Dilma Rousseff y Aécio Neves.

El apoyo del electorado de Marina Silva, quien quedó tercera, será decisivo para obtener el triunfo final. Si tres de cada cuatro votantes de Marina votaran por Aécio, éste obtendría la presidencia. Este trasvase de votos depende, en gran medida, del mayor o menor grado de compromiso de Marina en esta parte de la carrera presidencial.

Sin embargo, a pesar de la efervescencia que ha despertado el fenómeno Neves en la segunda vuelta, las estadísticas indican que es difícil que obtenga el triunfo definitivo. Hay un dato que no lo acompaña: desde la democratización en América Latina, iniciada a comienzos de los años 80, solamente dos presidentes en funciones han perdido (Daniel Ortega en Nicaragua e Hipólito Mejía en República Dominicana), mientras que más de una docena de presidentes en funciones han ganado la reelección.

Sin embargo, el final no está escrito.

Aunque Brasil ha logrado sacar a más de 40 millones de personas de la pobreza en los últimos doce años, el país se encuentra ante un final de ciclo económico. Los datos son desalentadores, este año la economía crecerá sólo un 0,29%, y la inflación seguramente será superior al 6%. Por otro lado, la inversión ha caído durante cuatro trimestres consecutivos.

No es casual que la mayoría de los brasileños quieran un cambio. Lo que está por verse es si Aécio Neves podrá encarnar ese deseo y canalizar el descontento generalizado.

El intervencionismo de Dilma no convence a los mercados como receta para cambiar el rumbo de la economía. La desconfianza de éstos tiene un correlato en los ciudadanos y se trata de un factor que quebranta el modelo de los últimos años.

Si bien es cierto que una buena parte de los logros del Brasil obedecieron a un mercado interno que impulsaba la economía gracias a un gran poder de compra; y que la demanda interna era una variable que el PT de Lula y Dilma siempre protegió, no es menos cierto que en virtud de este modelo el empleo no podía crecer eternamente al 4 %. Cuando comenzaron los problemas, Dilma decidió recurrir a la política fiscal y los tipos de interés bajos para intentar contener la crisis.

Las reformas que impulsa el programa de Aécio son más audaces y liberales que las de Dilma pues abordan: independencia y autonomía del Banco Central, reducción fiscal y fluctuación libre de la moneda, y apertura al mundo mediante acuerdos bilaterales con la UE y los EE.UU., e incluso la incorporación del Brasil a la Alianza del Pacífico.

Más allá del resultado, Brasil tendrá que emprender reformas fiscales que disminuyan y simplifiquen la enorme carga fiscal, que flexibilicen su mercado laboral y que derriben las innecesarias trabas burocráticas para agilizar la creación de empresas. Asimismo, deberá dotarse de una visión exterior y comercial abierta al mundo y a las principales economías atlánticas.

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