Valores Atlánticos: un océano de oportunidades

Publicado por el Sep 25, 2014

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El objetivo de robustecer el vínculo atlántico, el espacio que constituyen las Américas (EE.UU. y América Latina) junto con Europa y África, representa una oportunidad de cooperación y de coordinación para potenciar sus fortalezas. Se trata de cuatro bloques que no solo comparten un océano,sino que también tiene en común una historia, unos valores y una cultura que los une. Este espacio conformado por Estados Unidos, la Unión Europea, África y América Latina, comprende 66 países y 32 territorios.

 

Poner en valor los principios atlánticos y encontrar sinergias y complementariedad económica para esta cuenca atlántica no solo pondría en marcha el círculo virtuoso de la prosperidad sino que mejoraría la competitividad de las partes en un mundo cada vez más complejo y multipolar.

 

Mientras que EE.UU. y la UE representan el 50% del PIB mundial y el 30% de las relaciones comerciales mundiales; el bloque atlántico del sur (África y América Latina) se caracteriza por representar una potencia emergente, con grandes reservas de agua dulce, energía y materias primas y una demografía envidiable.

 

Y, aunque en ocasiones parte de ese sur parece encontrar dificultades para el desarrollo porque carece de elementos fundamentales –como lo son las infraestructuras, las teleceomunicaciones modernas, banca e inversiones para el desarrollo o experiencia en sector de servicios para las clases medias emergentes– para convertir sus reservas y activos en auténtico crecimiento con igualdad de oportunidades;  cabe destacar que esa experiencia sí la tiene “El Atlántico del norte” y por ello se pueden generar sugestivos vínculos de complementariedad Norte -Sur.

 

Un vínculo atlántico sin América Latina y sin África no tendría potencia en el mundo que viene.

 

América Latina ha dejado de ser el continente olvidado o el de las excentricidades para poner sobre el tablero internacional sus casos de éxito; y por otro lado África ha dejado de ser el continente de la desesperanza para mostrarse ante el mundo como un continente de oportunidades.

 

Con respecto a África, en los últimos diez años los ingresos per cápita han aumentado en más de un 30%, cuando en los veinte años anteriores habían disminuido en un 10%. África es el continente del planeta que con mayor velocidad está creciendo. Según las proyecciones, en la próxima década se espera que el PIB crezca un 6% anual. Por otro lado, la inversión directa extranjera ha aumentado de 15.000 millones de dólares en 2002, a 37.000 millones en 2006 y 46.000 millones en 2012. Cabe destacar que mientras el mundo en desarrollo luchaba contra la recesión, África crecía por encima del 5%

 

Los datos sociales también son alentadores: la esperanza de vida ha aumentado en un 10% en toda África y la mortalidad infantil ha disminuido drásticamente. En la última década, las muertes causadas por la malaria se han reducido un 30% en los países más afectados y las del VIH en un 74%. No obstante, en estos momentos, no podemos obviar el hecho de que la epidemia del ébola está asolando varios países del continente.

 

El continente cada vez utiliza más y mejor tecnología. Por ejemplo, tres de cada cuatro personas tiene un móvil. Para 2017 se espera que cerca del 30% de los hogares dispongan de televisión, y que se quintuplique en los próximos 10 años. Hoy, con el auge de Nollywood, Nigeria se encuentra entre los principales productores de películas del mundo junto a los EE.UU. Asimismo, la matrícula de educación secundaria creció un 48% entre 2000 y 2008, después de que muchos Estados expandieran sus programas y desecharan las tasas escolares. Al final de la guerra fría sólo tres países africanos gozaban de democracias. Desde entonces, el número de éstas ha aumentado a 25 y muchas otras tienen democracias imperfectas.

 

El déficit en infraestructuras de África acarrea una reducción de su productividad mensurada en 40%. Por tanto, es más necesaria que nunca una financiación consistente para proyectos de infraestructuras. Quizá, la nueva propuesta de los BRICS para la creación un nuevo Banco de Desarrollo podría ayudar a financiar proyectos de este tenor. Un capital de $100.000 millones para préstamos sería una buena inyección para estimular obras; asimismo el Programa de los Estados Unidos “Power África” que ha logrado sumar $26.000 millones o el nuevo fondo para la infraestructura Global del propio Banco Mundial.

 

Por su parte, América Latina ha experimentado una extraordinaria reducción de la pobreza en los últimas dos décadas cercana a los 30 puntos en muchos países. Hoy, la clase media supera por primera vez a la pobreza en la región. Asimismo, la región transitó una auténtica primavera democrática. En 1977 solamente tres países de la región contaban con gobiernos democráticos (Colombia, Costa Rica y Venezuela), mientras que hoy, la mayoría de la región es democrática, solo con la marginal anomalía de Cuba y sus satélites: aquellos populismos autoritarios de los países del denominado socialismo bolivariano.  También América Latina cuenta con la mayor superficie cultivable, la mayor reserva de agua dulce y una de las máximas proporciones de recursos energéticos y de materias primas del planeta. Como África, Latinoamérica es un continente joven, cuenta con 150 millones de personas entre los 15 y los 25 años. Es decir, un 25 por ciento de su población. El número de estudiantes universitarios pasó de 300.000, en 1950, a 12 millones en la actualidad.

 

En lo relativo a España, las empresas españolas invirtieron en América Latina más de 126.000 millones de euros desde 1980, por detrás de Estados Unidos y las relaciones comerciales de España con África, han crecido un 250% en los últimos años. Cada año, España compra 28.000 millones de euros en productos africanos, casi el doble de las exportaciones españolas a África.

 

En definitiva, el paso político geoestratégico de vincular los bloques que comparten la cuenca atlántica no es otra cosa que otorgar mediante acciones concretas un papel protagonista a este espacio de valores compartidos, y para ello se debe dar el paso racional para que los cuatro bloques se complementen y hagan de sus necesidades, virtud.

 

Por último, se debe subrayar una idea fundamental, que no es otra que el importante papel que podrían desempeñar Portugal y España, dos de los Estados europeos que forman parte de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Cuando en España hablamos del vínculo Atlántico designamos un espacio político triangular constituido por Europa, los EEUU y América Latina. Sin embargo, cuando en el mundo lusófono se habla en términos políticos de la triangulación atlántica, se está aludiendo a Europa, América Latina y a África.

 

Quizá haya llegado la hora de que quienes formamos parte de la comunidad de valores atlánticos aunemos esfuerzos para integrar ambos triángulos y constituir así un espacio atlántico cuadrangular que ofrecería inmensas posibilidades en términos estratégicos. Un espacio que es poderoso por historia, por valores, por cultura y por recursos, tanto naturales como demográficos.

 

Esta proyección atlántica que fortalecería al todo y a las partes se vuelve imprescindible en un mundo donde ya no sólo compiten las personas y las empresas, sino también los países y los espacios de integración que comparten valores comunes.

 

 

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