Colombia y la reelección de Juan Manuel Santos

Publicado por el jun 17, 2014

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El pasado domingo el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, logró la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales con el 50,95 por ciento de los votos. Se trató de una elección marcada por el proceso de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC. La abstención ha sido alta, pues más de la mitad de los colombianos llamados a votar no lo hicieron. Por otro lado, si se suman los votos de su contendiente, Óscar Iván Zuluaga, con los votos en blanco, se puede observar que cerca de la mitad de colombianos que han votado no le prestaron su apoyo a Santos. Es decir, solamente uno de cuatro colombianos con derecho a votar refrendó directamente el proyecto del actual presidente. Todo esto nos lleva a la conclusión de que Santos se enfrenta a un mandato complejo, con numerosos retos y desafíos políticos.

El apoyo de sectores de izquierda y sus maquinarias electorales fue un factor clave para revertir la derrota sufrida en la primera vuelta. Después de ésta, quien suscribe escribía para este medio lo siguiente: “Seguramente, la estrategia de Santos será redoblar el ataque al uribismo argumentando que se trata de un movimiento que no podrá conseguir “la paz” con la organización terrorista de las FARC, intentar conquistar el centro apelando al voto miedo y pactar con la izquierda una “tracción” de sus votos” . Y efectivamente, así lo hizo, y le funcionó.

Santos ha sido reelecto, en gran medida, gracias al apoyo del voto de una izquierda rabiosamente antiuribista. Prueba de ello es que en Bogotá después de acabar tercero en la primera vuelta, Santos logró ser el más votado en la capital, en el ballotage. A excepción de Medellín, Santos triunfó en las grandes ciudades del país: en la capital, en Cali, Bucaramanga y Barranquilla. Asimismo, el presidente reelecto puede explicar su triunfo por el apoyo de “los caciques regionales de la Costa Atlántica y la del Pacífico” que no habiéndose movilizado en la primera vuelta, sí lo hicieron en la segunda.

En 2013 Colombia se convirtió en la tercera economía de Latinoamérica después de Brasil y México, y su PIB alcanzó los 347.000 millones de dólares, es decir, 10.000 millones de dólares más que Argentina, por ejemplo. Ha crecido a un ritmo del 4,6% anual en los últimos 4 años. Las reservas internacionales se encuentran en un nivel cercano a los 45.000 millones de dólares y la inflación en 2013 fue del 1,94%. Se trata de la inflación más baja en más de medio siglo.  El presidente Santos es uno de los mayores impulsores de la Alianza del Pacífico, el exitoso proceso de integración latinoamericano. La inversión en Colombia alcanza casi el 30% del PIB y la inversión extranjera llegó en 2013 a 17.000 millones de dólares. Además, cada vez más empresas colombianas se convierten en multinacionales, mientras que la tasa de desempleo ha bajado hasta el 9,7%.

Sin embargo, todos estos éxitos no le han bastado a Santos para lograr una victoria electoral contundente, como la que consiguió cuatro años atrás  cuando se enfrentó ante Antanas Mockus en la segunda vuelta electoral. En aquél momento la ventaja fue cercana a los 40 puntos porcentuales.

Todo indica que el país está dividido ante el proceso de paz. El presidente Santos tendrá que valerse de toda su destreza política para enfrentar un mandato que se presenta arduo. El ex presidente Uribe y el Partido Conservador tienen suficiente ascendiente en el Parlamento como para que la culminación del proceso de paz no sea en absoluto fácil.

Hace cuatro años escribí una columna que titulé “El futuro después de Uribe” donde planteaba la disyuntiva de Colombia ante la elección entre Antanas Mockus y el después elegido presidente Juan Manuel Santos. En ella concluía afirmando que: “Gane uno o gane el otro, ojalá que no desperdicie el buen legado de Uribe. Para ello, deberá seguir la línea de firmeza en la lucha contra las FARC, mantener el coraje político requerido para enfrentar la difícil situación con gobiernos vecinos, y también profundizar la visión de una nación abierta al mundo. Porque éstos han sido los factores clave para la indudable transformación que ese gran país ha vivido durante estos años.”

En parte, Santos continuó el legado de Pastrana y Uribe, especialmente en lo relativo a la consolidación de reformas institucionales y económicas de apertura al mundo. Sin embargo, en materia de lucha antiterrorista decidió imprimir un cambio de rumbo. Obtuvo el triunfo electoral, sí, pero, hoy, tendrá que tener en cuenta la existencia de un sector de la sociedad nada marginal con identidad ideológica, ahormado en un proyecto político de centro-derecha (conformado por uribistas y conservadores) y contrario a su estrategia de diálogo.

Colombia, a pesar del terrorismo, se ha caracterizado por contar con una sólida arquitectura institucional en la que los ex presidentes gozaban de un gran reconocimiento interno y externo.  El futuro presidente tiene grandes retos por delante y para poder lograr resultados efectivos deberá mantener ese legado y liderar un proyecto que cuente con todos, que mire hacia el futuro, y que, corrigiendo lo que haya que corregir, consiga los consensos necesarios para defender la continuidad histórica de su nación. Una gran nación.

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